Ibarrola

El sábado compré La Vanguardia, un gran periódico si obviáramos su línea editorial, intolerable para un demócrata. Estas palabras son de su director, Jordi Juan: «Una pregunta que sigue sin respuesta es cuál es la alternativa que los convocantes (de Colón) plantean para Cataluña». Pues mire, Jordi Juan, le respondo: la alternativa a cumplir la ley es ninguna. No hay alternativa a la civilización y lo que proponemos algunos es que sus dirigentes no se crean más que el resto y que el que incumpla la ley en un asunto tan grave como dar un golpe de estado cumpla las penas previstas. Que nadie se sitúe por encima de la ley, es decir, por encima del pueblo del que emana. Es decir, que no sean fascistas, vaya. No parece demasiado.

Yo le pregunto a él: «¿Cuál es la alternativa que Vd. plantea para Castilla y León y exactamente por qué ha de tener un trato diferente a Cataluña?». O mejor aún: «¿Exactamente en qué se basa para exigir que sus hijos o sus ancianos tengan un trato diferente a los nuestros?». El director hace suyas las palabras de Carmen Calvo cuando dice que los indultos «tratan de frenar el enfrentamiento entre el independentismo y los sectores españoles más intransigentes». Es decir, que, para el señor Juan, estar con la Constitución es ser intransigente y eso, a su vez, aparece conceptualmente como lo contrario al independentismo golpista que, por lo tanto, representaría lo flexible, lo tolerante. Los sediciosos son comprensivos. Los que estamos con la Constitución somos obstinados y fanáticos por no querer que pisoteen las leyes y la soberanía de todos. 

No acaba ahí. Dice Juan que «el sentimiento de identidad catalana no va a desaparecer». ¡Como si a nosotros nos importara eso, como si un estado de derecho se pudiera meter en los sentimientos de cada cual! No se trata de sentimientos, los delincuentes esos de Lledoners pueden sentir lo que quieran y cuando quieran. Se trata solo de no dar golpes de estado, de no ser sediciosos ni malversadores. A mi me resulta sencillo de entender y si la sociedad catalana no lo comprende tiene un problema ético y un déficit de cultura democrática preocupante. 

«Lo inteligente por parte de quien quiera gobernar España es seducir con un proyecto», o sea, que desde la oposición se deben hacer gestos que seduzcan a los independentistas para que dejen de robar y de dar golpes de estado. Pues mire, me ha convencido. He decidido que ahora exijo que desde el gobierno catalán nos hagan gestos para cumplir la ley y que desde Castilla y León no demos golpes de estado. Desde este momento, todo lo que no sea que Mañueco declare la independencia de la autonomía y monte una mesa de partidos fuera de las instituciones para pedir un trato mejor que Cataluña y por los mismos motivos, me decepcionará profundamente. Y me decepcionará aún más que el director de El Norte de Castilla no publique una carta llamando intransigentes a los catalanes que se concentren en la Plaza de Sant Jaume al sentirse maltratados por nuestros privilegios. El PSC de Castilla y León y el PSC de Valladolid están de nuestra parte, exactamente esto es lo que defienden, con vehemencia incluso. No es un lapsus: todos los socialistas de España están votando al PSC aunque no aún no lo hayan entendido.

«Lo sensato es dialogar y buscar una solución entre todos. Siempre la seducción antes que la imposición», dice Jordi Juan, mi maestro en el tardosanchismo progolpista, perdón por la redundancia. Y anuncia que «el sentimiento no se puede erradicar por mucho griterío y mesas petitorias que se organicen». Así que venga, no me sean intransigentes y empiecen cuanto antes a seducirnos o la liamos. Y como nuestro sentimiento tampoco se puede erradicar, por favor absténganse de mesitas, griteríos, adoquines y de quemar coches de policía, si us plau. Que nos conocemos.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 17 de junio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).