No queda otra que empezar a escribir para la hemeroteca, dirigirse al futuro y afrontar cada columna como un pliego de descargo que nos libere de culpa. No queda otra opción que empezar a escribir pensando en los historiadores que, dentro de unos años, volverán la mirada a estas páginas intentando entender cómo pudo suceder y si acaso los que hoy escribimos no fuimos capaces de verlo venir. Pues claro que nos dimos cuenta, hombre, pues claro que pusimos el grito en el cielo, pues claro que desde estas páginas alertamos de la situación, pero mucho me temo que no fue suficiente. La España socialista prefirió no mirar o mirar hacia otro lado, como cuando en aquella playa de Trieste apareció el cadáver de un inmigrante, mientras los bañistas, indiferentes, seguían bronceándose, jugando con las palas e inflando el balón de Nivea.

España empieza a parecerse a esa playa, la Constitución es el cadáver que preferimos ignorar y los bañistas somos nosotros, que vemos cómo hay algo que se descompone a nuestro lado mientras fingimos que no nos enteramos e intentamos recuperar nuestra vida donde la dejamos aquel mes de marzo. Parece que un Gobierno en rebelión contra el sistema y contra el Estado de derecho fuera solo una cosa retórica, casi una película que pudieras apagar, porque lo importante, en realidad, es volver a la playa y a las discotecas. Todo pasa y todo queda… pero lo nuestro es Pachá.

El 92% de los españoles estuvieron contra la guerra de Irak. Entre ellos, casi todos los votantes del PP, que salieron a la calle masivamente para decirle a Aznar que se equivocaba. Por su parte, el apoyo a los indultos entre el electorado socialista se ha duplicado en un mes y no ha salido a la calle ni uno solo. Es la gran diferencia, que no hay nada más dócil que la izquierda cuando manda. En unos meses, apoyarán sin problema el federalismo de Iceta, que tiene toda la pinta de un señor del PNV a punto de arrancarse por ‘Maitechu mía’. Y cuando Cataluña tenga un trato fiscal diferente y lleguen los recortes a la España pobre, los mismos que hoy aplauden, saldrán a la calle, pero no contra Iceta, sino contra el que le toque aplicar los recortes. Así que, españolito que vienes a la hemeroteca, te guarde Dios. Uno de los dos relatos ha de helarte el corazón.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 28 de junio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).