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El perfume de Prada es lo de menos, es solo un símbolo, un peldaño más en esta escalera del cieno a cielo que estamos recorriendo. Lo que tiene importancia en realidad, el sentido último de todo es comprender y sentir dentro el verdadero concepto del lujo y eso es algo que solo se puede comprender desde lo espiritual. El lujo tiene poco que ver con aparentar o con parecer y menos aún con el materialismo, el consumismo ni el resto de patrañas con las que tratan de confundirte los que no han entendido el capitalismo. El lujo viene marcado por lo que eres, por lo que ya eres, por eso la medida del lujo es la medida de tus aspiraciones que, a su vez, son consecuencia de tu formación espiritual y de tu sensibilidad.

«Podría comprar el mismo perfume de imitación y nadie lo sabría». Error. ¿Cómo que no lo sabría nadie? Lo sabrías tú, y eso lo cambia todo porque, cuando dejas de respetarte, lo primero que cae es tu dignidad. Y cada vez que veas el frasco ese de tienda de imitación, sabrás que eres una impostora, que todo es mentira, que no hay latidos de verdad detrás del trampantojo. Y te darás cuenta que ese olor, tan parecido al original, nunca se ha parecido menos al genuino porque, como en el impresionismo, los olores no se mezclan en la pituitaria sino en el cerebro y, una vez instalados allí, el aroma de la imitación lo impregna todo. Por eso, lo primero de todo es un trabajo interno, es el camino del ser.

Si no eres, da igual lo que tengas porque todo huele a mercadillo. Si dentro de ti no hay grandeza, todo se convierte en minúsculo. Si el dinero te ha llegado sin merecerlo, es cuestión de tiempo que lo pierdas. Y cuando compres vestidos de piedras preciosas y te pongas relojes de cuco en la muñeca, se notará que no hay lujo en ti, porque no eres. Ser no se puede comprar. Si no eres, da igual lo que hagas, nunca va a llegar, porque no lo mereces. Si tus aspiraciones son fatuas, si tus motivos son espurios, si la zanahoria que persigues es fuego de artificio, no va a pasar jamás. Porque no eres.

El vacío entre lo que tienes y lo que quieres solo se puede llenar cuando eres más de lo que tienes, cuando la balanza está desequilibrada hacia el lado del ser. La búsqueda del lujo será en realidad la búsqueda de ti misma y el camino consistirá en parecerte cada vez más a tu ideal para poder ser tan generosa como serías si tuvieras la posibilidad. Ese es el camino. Si la balanza está desequilibrada hacia el otro lado, nos convertimos en pijas de Essex. Y entonces, hasta Prada huele a pachuli.

La elección es espiritual, esto no va de lo que quieras ser sino de lo que estás llamada a ser. No es una ponderación entre alternativas porque la respuesta a quién eres no sale de ti, viene hacia ti. No se crea, se recibe. Yo empiezo ahora a saber lo que estoy llamado a ser y el reto es aceptarlo. En ese caso, cuando ya seamos lo que estamos llamados a ser, el lujo será cualquier cosa que toquemos con las manos, porque el adjetivo lo pondrá una mirada limpia y no un alma rota. Se trata solo de verte como te ve Dios. Y todo esto es solo un burdo intento.

 

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 24 de julio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).