Lo de Vox votando contra la concesión de la medalla de oro de Valladolid a Lola Herrera es algo tan sectario que parece socialista. Se supone que lo que se reconoce es la trayectoria profesional de una paisana exitosa y no un catálogo de declaraciones políticas. Quiero creer que se trata de aplaudir la carrera artística de una vecina que ha logrado un reconocimiento unánime y no de valorar sus opiniones sobre temas que ni le van ni le vienen. Porque lo que diga Lola Herrera sobre política tiene el valor que tiene, que es el de cualquier otra ciudadana. Ni un gramo más, ni un gramo menos. Y si antes de dar un premio a alguien tenemos que auditar la brillantez de sus posiciones o el rigor de sus creencias, me temo que quedarían todos desiertos, especialmente en el gremio de los actores que, en cuestión de erudición y ‘finezza’ suelen andar ahí ahí con la asociación de mediocentros uruguayos. 

Lola Herrera ya posee la medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes, entre otras distinciones. Y se la dio Aznar, al que no debió importarle mucho la afiliación política. Vamos, que parece que se lo merece. Digo que lo parece porque no lo sé, no soy experto y solo la he visto en ‘Cinco horas con Mario’, lo que, por cierto, me lleva a sospechar que, después de tantos años, se le puede haber pegado algo de la frivolidad y autoritarismo de Menchu. Porque oír a Lola Herrera decir que no entiende «que haya mujeres que voten a Vox» clama al cielo. ¡Ese es el feminismo bueno, María Dolores! ¡Di que sí! ¡Ole tu arte de Las Delicias! ¡Ole tu concepto de libertad y tu visión del empoderamiento de las que no votan lo mismo que tú! ¡Ole el respeto a todas las que creen que los intereses de las mujeres se defienden mejor de otro modo! ¡Ole, ole y ole!

Lola dijo además no saber «qué le pasa por la cabeza» a las personas que votan a dicho partido y a mí me recuerda a cuando Nacho Vegas dijo que «cualquiera que se declare de derechas ha de ser un cretino o un cabrón». Es difícil ser más cretino que Nacho, pero me da igual, a mi Nacho me gusta tal y como es: no muy listo, no muy cuerdo. Pero, sobre todo, lo que me gusta de él es su arte, que es lo que la gente normal valoramos de los cantantes y de las actrices a la hora de darles medallas. De todas maneras, yo tampoco entiendo que haya artistas comunistas ni trabajadores socialistas, lo cual supongo que me descarta de cualquier medalla de oro de mi ciudad. Y no digo ya de mi vieja aspiración de tener una estatua ecuestre.

Lola se equivoca. Que ella no esté de acuerdo con Vox no debe servir para despreciar a las mujeres que los votan, que merecen el mismo respeto que los demás. No llega al nivel de Pedro Herrero, que afirmó en Pleno -no en una tasca- que el «amado líder» de Vox «y de Casado» no es otro que Franco, pero porque es casi imposible llegar a esos niveles de degradación. Pero se equivoca también Vox. Votar a favor de dar la medalla a quien habla mal de ti solo por el hecho de que objetivamente lo merezca es la mejor lección que se puede dar a parte de la izquierda para que aprendan que no pasa nada por pensar diferente, que hay que respetar a quien vota otra cosa, que la palabra perro no muerde y que la libertad política es un derecho humano para todos, no solo para los que opinan lo mismo que tú. Pero me temo que para enseñarles eso, en Vox primero deberían creérselo. Y algo me dice que, en este tema, todos están encantados con el resultado de su sectarismo, como cabestros mirando absortos la figura deformada de su espejo. 

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 2 de diciembre de 2021. Disponible haciendo clic aquí)