Que la izquierda esté llena de desequilibrados, analfabetos y macarras no debe esconder el hecho de que la derecha esté llena de lo mismo. Es decir, el problema de España no es la izquierda sino el cainismo transversal, la belicosidad de gueto, este desprecio visceral entre personas que se creen diferentes solo por el hecho de pensar que la solución a los problemas puede ser otra. Y cuando digo que se sienten diferentes quiero decir que se sienten superiores, claro. Nadie se siente diferente porque se sienta inferior.

La ideología es una peste que te obliga a ir a una fábrica de soluciones prefabricadas, a un atlas de atajos mentales para no tener que pensar cuál es la mejor solución para un problema concreto y con los recursos de los que se dispone. Pero si la ideología se basa además en una supuesta diferencia ontológica -no en lo que una persona ‘piensa’ sino en lo que ‘es’- se convierte en nacionalismo intelectual. La realidad es que ser de derechas o de izquierdas no te hace mejor persona. Ni más lista. Simplemente indica que, debido a tu formación, inteligencia, vivencias, lecturas y experiencia, crees que se puede llegar a los mismos fines de modo diferente. Que el otro proponga propuestas equivocadas, según tu punto de vista, no debe llevarte a creerte mejor persona, porque resulta que el otro no es Satanás sino tu hermano, tu amigo y tu vecino. Y nos queremos. Y si en tu entorno no hay votantes de todos los partidos, quizás el que tenga un problema seas tú. La gente normal tenemos entornos con gente de todo tipo. Y son buenas personas. Y como son buenas personas y además los quiero, quiero lo mejor para ellos. No quiero ganarlos, no quiero humillarlos, no quiero echarlos de la convivencia. Quiero escucharlos y convivir. Eso es la política.

Pero hay una derecha que niega a la izquierda el derecho hasta de existir, que aspira a un país en el que la izquierda no exista. Y eso no solo es imposible, sino, además, peligroso. La derecha necesita entender que ha de ayudar a la izquierda, moderarla, llevarla a encuentros, a consensos y a lugares en los que pueda servir mejor a España. Arrinconarla y pretender destrozarla no solo es inútil sino, además, contraproducente para los intereses de la derecha y de España. Yo sé que estas palabras resultan poco populares, pero, entre tanto cafre, alguien tiene que recordar que la derecha está al servicio de los ciudadanos, no somos una milicia antisanchista. Al revés se podría decir lo mismo, pero esto es ABC y hablo para quien hablo.

Me temo que el bloque ya no es derecha contra izquierda sino, como sugería Garrocho, el bloque de la gente inteligente, culta y tolerante contra el de los cafres. El bloque de los mejores contra el de los peores. Y resulta que los mejores, esa élite que España necesita, se encuentra dispersa en todos los partidos. Se trata de identificarlos, construir puentes y sentarlos a hablar. Y al resto, sean del partido que sean, arrinconarlos en su propia incapacidad.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 8 de abril de 2022. Disponible haciendo clic aquí).