Todo es felicidad en el congreso de Ayuso. Pero solo si no escarbas lo suficiente. En realidad, es una cuestión de capas superpuestas. La primera capa es la naif, la de la sonrisa amplia, el fondo de pantalla con flores de lavanda y ese estado de ánimo como de día en el campo, con el sol en lo alto, las ojeras globales y la alergia al polen. En esa capa está la foto de familia, que es algo así como cuando los primos de la novia posan junto a ella en el altar y ponen cara de buenos. Y a Ayuso solo le faltaba el ramo. Yo creo que para el siguiente congreso deberían ser más ambiciosos y poner directamente el fotomatón de las bodas, ese con pelucas, gafas enormes, boas multicolor y un corazón en el que pone ‘Love is in the air’.

La segunda es la de los discursos voluntaristas, las promesas de colaboración, los ditirambos universales y los panegíricos cruzados. Están bien y se agradecen tras el febrero de los cristales rotos. La unidad de los partidos, como la de las familias, se escenifica mejor cuanto más falsa es. Porque, en ese caso, todos saben que están fingiendo y lo bordan. Un poco por debajo de esa capa está otra, con las bases ideológicas, que parecen comunes a todos, pero no lo son ni por asomo. A veces cuesta pensar que son el mismo partido. Pero no es hoy el día de entrar en ello.

Y luego lo que importa, claro, la capa de las puyas que no lo parecen, los mensajitos encriptados y los juegos mentales. Si alguien piensa que Feijóo y Ayuso son Isabel y Fernando -tanto monta, monta tanto- se equivoca. Y el gallego se lo quiso dejar claro desde el primer momento, con esa prosodia de cura diocesano que, por momentos, muta a profesor de derecho administrativo. Y marcó jerarquía diciendo a Isabel que «antes éramos colegas, pero ya no». Vamos, que antes los dos éramos presidentes autonómicos, pero ahora el que manda soy yo. Soy tu jefe. Yo a Génova y tú con Mañueco y López Miras. Pero Feijóo lo dice de una manera tan sutil y sibilina que, supongo, a estas alturas, algunos aún no se habrán enterado. Porque remató su intervención diciendo que se va a empadronar en Madrid y que, por lo tanto, ahora ella es su presidenta, que la jerarquía es la jerarquía y él es muy leal a esas cosas. Traduciendo del gallego: tú a tus cosas y yo a las mías. Perro no come perro. Si no me tocas las narices, yo tampoco a ti. Tú gana en mayo, luego voy yo con las generales y si pierdo me voy. Esto último creo que ha pasado desapercibido pero el presidente del PP dijo claramente que uno es útil solo si gana. Y que el que pierde se tiene que ir. No es solo un aviso para navegantes sino, sobre todo, para Ayuso, a la que confirma que solo tiene una sola bala en el revólver y que si no acierta se irá dejando vía libre. 

O eso cree ella. La realidad es que en el partido no lo tiene tan fácil como cree y, aunque todos hayan adquirido una notable pericia en el arte de hacer como que aquí no ha pasado nada, todo el mundo ha visto todo. Y la gente no olvida ciertas cosas. Tan evidente es que Ayuso ha de ser presidenta del PP de Madrid como que lo tiene muy difícil para serlo en España. Cualquier otra candidatura tendría muchas posibilidades contra Ayuso. Madrid, pese a lo que diga Isabel, no es España. Solo una parte. Y no está bajo su hechizo.

Feijóo lo tiene claro: solo importa la economía. Si caemos en las provocaciones de la izquierda, en sus estrategias de confrontación y en los debates ideológicos estériles, no se habla de lo importante, que son las cosas de comer y recuperar las instituciones. Que no va a perder tiempo en algaradas, batallas culturales y otras trampas de la izquierda, lo que viene a decir: «Ya tienes lo que querías. Tú sigue con tus filias y tus fobias, que yo voy a ganar elecciones». Eso no solo demuestra una gran inteligencia sino, además, una enmienda tapada al estilo y planteamientos de Ayuso, a la que dejó cerrar el congreso logrando, a la vez, ser un caballero, un líder, mostrar grandeza, llegar a tiempo a Pontevedra y dejar claro que lo hace porque quiere. Es decir, que solo el que manda puede ser generoso.

Cerró Ayuso en una intervención marca de la casa, describiendo pormenorizadamente el desastre socialista y confrontando con sus propuestas, el éxito de su gestión de la pandemia y la boyante economía de la Comunidad, aspectos, todos ellos, ciertos e innegables. Pero si en general un mitin es algo populista, un mitin para los tuyos, que ya están convencidos, es como la apoteosis de la cosa. Aplausos, abrazos, amor y cada uno a sus cosas. Así de sencillo. Tú a Sol y yo a Pontevedra. Crisis cerrada.

(Esta crónica se publicó originalmente en ABC el 21 de mayo de 2022. Disponible haciendo clic aquí).