Anda por ahí un niño de trece años cuyo nombre no he sido capaz de retener y que, además de definirse como ‘activista’, es ya asesor de la ONU para no sé qué aspectos decisivos y ‘Embajador de Buena Voluntad de la Unión Europea en Colombia’, así con mayúsculas en las palabras significativas, como manda Cambridge. Vaya tela, uno no sabe si se trata de la ‘bio’ deTinder de un chavalín que quiere ligarse a su vecina la guapa, o el currículo de una exministra socialista. 

En fin, que tenemos a un nuevo GrettoThunberg. Latino, varón, gafotas y feucho: un buen ‘casting’. Pero creo que es el momento de contraatacar y buscar todo lo contrario, España merece un antihéroe, hay que encontrar a ‘Manolito antigretto,’ un chaval de Albacete como Pelayo Moreno, que simbolice exactamente lo contrario a Gretta y al colombiano. Hay que lanzar a un niño español un poco gordo, un poco bajito, que fume a escondidas, que sepa jugar al subastado, que sueñe con ser torero y salga de la ducha galleando por chicuelinas, encarando el pasillo enfundado en la toalla como un capote de paseo, que prefiera el chorizo frito al hummus y que lleve tirando con carabina a los grajos que comen de los frutales desde antes de saber andar. Un chico que sepa conducir ya con doce años, que se vaya los fines de semana con su abuelo al campo en el tractor y que, en las fiestas del pueblo, invite a las chicas con el dinero de su padre y baile pasodobles con sus tías. Eso es lo que quiero, un chaval cofrade que acompañe a los palios de vuelta conociendo las marchas clásicas, que sepa beber en porrón, en botijo y en bota, que prefiera hacer una barbacoa a tener no sé cuántos ‘terabytes’ en la nube, como dice Chapu, y que se sepa las canciones de la Piquer de oírselas a su madre mientras cocina. Un chiquillo que sepa cocinar cangrejos. Y hable con refranes. Que coja lagartijas, llame a las vacas por su nombre y sepa montar a caballo a pelo, como Victoria Federica. Que sepa de memoria los años que le quedan para ser ‘quinto’ y que prefiera a Marisol que a Katy Perry.

Y ya. Un chaval con las rodillas abiertas de caerse con la bici, que vendimie en septiembre, que haga la matanza en enero y que se ría de Gretta con la sonrisa más sonora de La Mancha mientras dedica las mañanas de los sábados a escuchar ‘Agropopular’ con César Lumbreras y los domingos a ser monaguillo para llevarse una propina. Yo quiero una especie de Moriarty para Sherlock, de Mourinho para Guardiola, un chaval que lea, que se pelee, que tenga un perro de caza, que tire piedras al río, que robe higos, que su única preocupación medioambiental sea cuando viene oscuro por ‘el camino hondo’, que sea feliz haciendo cosas de niños y que lleve una camiseta medio rota donde ponga ‘La única Greta que queremos en mi pueblo se apellida Garbo’. Ese chaval es nuestra salvación, nuestro símbolo y nuestro espejo. Contra los herejes y los puritanos, siempre funciona lo mismo: diversión, alegría y contrarreformismo. Y nos va tocando.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 23 de julio de 2022. Disponible haciendo clic aquí).