Sánchez miente siempre. Al menos delante de los medios. Él no tiene ninguna relación con la verdad, no se siente moralmente obligado a ser honesto y honrado delante de la prensa porque la desprecia profundamente y no la imagina como eso que está entre su gobierno y los ciudadanos, sino como un poder corrupto que tiene como objetivo acabar con él. Sus enemigos, vamos. Por ello, para él, la mentira y la manipulación son solo armas de su legítima defensa, casi una obligación moral. Resulta poco agradable y nada edificante hablar así del presidente del Gobierno. Pero me temo que esta es la realidad. Y esconderla solo nos llevará a la frustración. Y la frustración a la melancolía. Y la melancolía no lleva a ningún sitio bueno, te hace perder la fe, las ganas y las fuerzas y, al final, acabas asumiendo como dogma de fe lo que solo es una posibilidad temporal. La tristeza es otra forma de egoísmo. 

En la historia de nuestra democracia nunca hemos tenido un presidente tan débil, tan flojo intelectualmente, tan poco formado técnica y humanamente, tan desprestigiado, tan oscuro, con tan poco apoyo social, con tan poca ejemplaridad, con un liderazgo tan nulo, con una influencia y predicamento tan menores, sin ningún tipo de misión ni de ideal superior. No hay nadie que crea en él. Hay quien le vota, sí, ya saben que el mal menor no es eso que está en Murcia. Pero ni los que le votan le creen. No genera confianza, se percibe en su mirada que no es de fiar. Dice Simon Sinek que la gente no compra lo que haces sino «por qué» lo haces. La gente se alinea con tus motivos, con una visión, con tu interpretación de la realidad, con tus creencias íntimas y con el fin último que te mueve a la acción. Una vez que ganas eso, el resto da igual: si la gente cree en lo que eres, en lo que representas y en ese ‘por qué’ que subyace a tu acción, ya da igual el ‘qué’ y mucho más el ‘cómo’. Da igual que seas un desastre, que no tengas ni idea de gestionar el covid o la inflación, porque se aceptan los errores. Eso es técnica. Y está al servicio del sueño. Pero no se aceptan errores en los sueños, no se compran motivos espurios, nadie sigue a quien solo quiere el poder como fin y no como medio para un fin superior, idealista e inequívocamente bueno.

Da igual que se eche la culpa a Lastra, a Héctor Gómez o a Felipe Sicilia. El error no es de comunicación o, como decía, Jorge Martínez, «no falla el vestido, lo que falla es la modelo». El problema es que Sánchez nunca debió llegar. A Sánchez le hizo presidente Iglesias precipitadamente, en una moción de censura tan vergonzosa como audaz. El partido no supo defenderse de ese error y el resto ya se lo saben. Pero empezaba diciendo que Sánchez miente siempre. Y si lo que nos quiere dar a entender con la remodelación del partido y la que anuncia del gobierno es que se está rearmando para las autonómicas y municipales, den por hecho que es una trampa. Iremos a generales. No es no. Y siempre es siempre.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 25 de julio de 2022. Disponible haciendo clic aquí).