El teatro de los sueños tardosanchista ha puesto un huevo. Al presidente le toca incubarlo con su calor descorbatado, a ver si consigue que la idea-fuerza prospere, rompa el cascarón y se convierta en polluelo demoscópico. La nueva genialidad de la fábrica de ideas del PSOE –posible oxímoron– es que Sánchez trabaja para proteger los intereses de la ‘mayoría social’ y de las clases trabajadoras frente a los partidos de la derecha, cuya misión sería velar por los intereses de las clases medias-altas, los empresarios, etc.

Bien, con independencia de que eso sea o no cierto, la primera respuesta debería ser: «Efectivamente, es así, ¿pasa algo?». A ver si va a resultar que el derecho a organizarse políticamente está reservado a los que no alcancen los ingresos que al PSOE le parezca bien. A ver si cuando los que menos tienen intentan proteger sus intereses, que no son otros que extraer rentas de los que más tienen, acogen intenciones puras y angelicales mientras que cuando los que más tienen protegen los suyos, albergan intereses espurios, ilegítimos y bastardos.

Todos tienen intereses económicos. Es legítimo que así sea y la gente vota lo que le da la gana en función de ello. Y resulta que hay gente que vota para defender un patrimonio, unos intereses económicos y un ‘statu quo’ que les beneficia porque se lo han ganado. A veces se nos olvida que para ser conservador es necesario tener algo que conservar. Eso es moralmente tan aceptable como que aquellos que no lo tienen traten de cambiar la situación. Y esto es fundamentalmente la derecha y la izquierda, más allá de batallitas culturales. Ser más español, más católico, más heterosexual o más blanco no te hace más de derechas. Que te disguste más o menos Sánchez no marca una posición ideológica. La ideología y el voto vienen marcados fundamentalmente por lo económico –«¡es la economía, estúpido!»–. En este momento, desgraciadamente no hay ningún partido en España que defienda abiertamente los intereses de las elites económicas, sociales y culturales, de las clases medias-altas y de los empresarios. Quizá el PNV. Desde luego no el PP, un partido transversal, ni Vox, que últimamente habla y se muestra como un partido obrerista y enemigo de las elites. Es decir, exactamente lo opuesto.

Sánchez dice que trabaja para la mayoría. Incluso en el caso de que fuera cierto, habría que recordar que el hecho de ser más no les da la razón. La democracia se basa en garantizar los derechos de las minorías de la fuerza bruta de la masa. Pero, incluso asumiendo el argumento, alguien debería recordar a Sánchez que la única manera que tenemos de medir las mayorías son las urnas, y esas le dan la espalda. La ‘mayoría social’ cree que sus intereses están mejor protegidos por el centro-derecha. Así que, si al hecho de no tener razón en esencia le unimos que tampoco son más en número, solo queda concluir que, si hay alguien aquí que lucha para proteger intereses desconocidos y oscuros, ese no es otro que Sánchez.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 1 de agosto de 2022. Disponible haciendo clic aquí).