Reconozco que tengo dudas sobre el modo de elección del CGPJ. Es posible que sea la única persona con dudas en toda España, lo sé. Aquí todo el mundo parece tenerlo clarísimo y, como no creo que tengamos una especial sensibilidad para los asuntos legales, como los ingleses la tienen para el rock, supongo que esa seguridad viene del amor incondicional a los colores, que consigue que cada uno acabe pensando lo mismo que el partido al que vota. Aunque esa postura cambie.

Yo no creo que los poderes del Estado estén al mismo nivel: el propio Montesquieu diferenciaba entre ‘pouvoir’ y ‘puissance’, algo así como ‘poder’ y ‘potestad’, como si el legislativo tuviera ‘el poder’ y el resto lo tuvieran de modo delegado. Aun así, la soberanía nacional no reside en el legislativo, como repite la izquierda, sino en el conjunto del pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado. Sin embargo, del mismo modo que el legislativo elige al ejecutivo, el poder judicial podría ser elegido de idéntico modo y con idéntica legitimidad. El problema es que este sistema, en la práctica, pone a los jueces que han de juzgar a los políticos a las órdenes de esos mismos políticos. Y, sobre todo, que, si ponemos en duda la legitimidad teórica del legislativo para elegir el judicial, aun habiendo sido elegido por el pueblo, con más razón hemos de dudar que los jueces puedan elegir solos sus órganos de gobierno sin que les haya elegido nadie. Si el legislativo puede no estar legitimado para interferir en otro poder, imagínense un grupo de funcionarios.

Lo importante es entender que los jueces no solo deben controlar: también deben ser controlados. El poder de los jueces no es angélico y el judicial no puede convertirse en un estamento, en una casta que elija a sus representantes sin control, porque corremos el riesgo de que un grupo de ciudadanos acapare un poder del Estado de espaldas a la soberanía nacional. La historia nos enseña que el ser humano tiende a abusar del poder, por lo que las democracias liberales deben limitar ese poder todo lo posible. Pero no solo al Gobierno. También a los jueces.

La izquierda piensa que si los jueces se eligen a ellos mismos siempre ganarán los conservadores, pero esto es igual de poco serio que dudar del modo de elección de sindicalistas porque siempre van a ser de izquierdas. Yo no creo que los jueces deban elegir solos a sus representantes, pero tampoco creo que deba hacerlo el legislativo. Lo que tengo claro es que los jueces deben ser controlados. Y quizá un modo mixto de elección sea lo más sensato. En cualquier caso, si el PP quiere liderar una reforma, necesita una mayoría que no tiene. Mientras tanto, la ley es la que es y si Sánchez quiere alcanzar la mayoría que dicha ley exige, necesita pactar con el PP, por lo que ha de traicionar a sus socios y dinamitar su gobierno. Pero que el cortoplacismo no nos haga perder la visión: no nos jugamos la cabeza de Sánchez sino los fundamentos de la democracia.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 17 de octubre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).