La autodeterminación de género está bien, pero aún está mejor la de número. Si yo puedo decidir ser una mujer, también puedo decidir ser dos mujeres, por idéntico motivo y con idéntica lógica, fluyendo no solo en lo sexual sino en lo estrictamente aritmético. Y, rizando el rizo, puedo ser mujer lesbiana, que tiene todas las ventajas. Una de ellas, el trabajo. El proyecto de Ley de Empleo que el Gobierno ha remitido a las Cortes considera ‘colectivo de atención prioritaria’ a las «personas sexual o afectivamente diversas». Lo que no sé es qué significa exactamente ‘diverso’. Entiendo que es sinónimo de ‘diferente’, pero ¿diferente a qué? ¿Si hay algo diferente es porque su alternativa es lo ‘normal’? ¿Les están llamando anormales? ¿Están diciendo que lo normal es ser heterosexual y, por eso, los gais requieren atención especial? ¿Se puede ser más facha que este Gobierno? ¿Pero de verdad aún no ha quedado claro que nadie es menos que nadie por su orientación sexual? ¿Por qué tratan a los homosexuales como colectivo vulnerable solo por lo que hagan entre sus sábanas con quién les dé la gana? Y si lo que quieren decir con ‘sexualidad diversa’ es LGTBI, ¿por qué no lo dicen? ¿Quizá la diversidad a la que se refieren contemple formas no recogidas bajo el paraguas LGTBI? En ese caso, ¿cuáles son esas formas? 

Y lo que más me preocupa es cómo van a comprobarlo. Hasta donde sé, está prohibido preguntar la orientación sexual en una entrevista de trabajo, para evitar discriminaciones. Uno es buen candidato o malo en función de su experiencia, formación y valía, pero no en función del sexo de la persona a la que se pase por la piedra. Pero, a partir de ahora, supongo que el servicio público de empleo, para hacerte la ficha, te preguntará si eres gay y lo colocarán arriba, como los numeritos que los nazis ponían a los judíos en el brazo. Luego, cuando el empresario llame para pedir camareros o jornaleros para la campaña de la fresa podrá decir que, por favor, le manden solo a gais, que tienen bonificación. O solo a no gais, por lo que sea. Aunque, la verdad, no sé qué beneficio puede tener contratar a un heterosexual a partir de hoy si el homosexual es colectivo prioritario y aporta ventajas frente a otros candidatos. Los parados heterosexuales tienen que estar encantados. Y Marx revolviéndose en su tumba.

Tampoco sé cómo se puede comprobar. Si, al igual que el género, la orientación sexual se basa solo en la voluntad declarada, lo lógico es autodeterminarse como gay. No creo que nos pregunten a cuantos maromos nos hemos ventilado en los últimos meses, ni que nos exijan pruebas. Y aparte, si me siento mujer lesbiana, puedo seguir optando por maromas y ser gay. O ser gay y no comerme un rosco. O ser gay y practicar la abstinencia, lo que viene siendo un gay no practicante. Así que todos gais. Luego se preguntarán por qué a la izquierda no la va a votar un solo obrero, pero es que, si hubiera lógica, tampoco les votaría un solo gay.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 7 de noviembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).