Es posible que Sánchez no sea una persona intelectualmente brillante y que no tenga una visión especial acerca de nada, pero es indudable que le sobra audacia e inteligencia política. Y, sobre todo: se siente cómodo jugando al límite del reglamento, como un mediocentro uruguayo a las órdenes de Simeone. Lo que no sabe es que ya tiene una tarjeta amarilla y, por mucha capacidad política que tenga, se está jugando la roja y no lo está sabiendo ver. Esa tarjeta roja va a llegar por donde menos se lo espera y la falta que le sacará del partido definitivamente va a ser la ‘ley trans’. Y el resto ya lo saben: puente de plata.

Desde la derecha civilizada nos hemos cansado de repetir que todo esto va de economía y no de pijaditas de tuiteros, pero no es del todo cierto. La economía es solo el medio. El fin último es la familia, el bienestar de los nuestros, la protección a nuestros hijos. Ese es el ‘insight’ real que hay detrás de lo económico: el miedo. Trabajamos por miedo a que les falte alimento, educación o vivienda; progresamos por miedo a que el futuro sea peor que el presente; votamos lo que votamos porque tenemos pánico a lo que les pueda pasar. Vivimos para evitarles el dolor y, en realidad, todo va de eso, el resto son segundos niveles. Y la ‘ley trans’ no se está percibiendo socialmente como una ayuda para niños que tienen problemas sino como un peligro para niños que no los tenían. La gente no ve en esta ley una solución para ‘otros’, para ese número pequeño de personas con un problema concreto y que a ellos ni les va ni les viene, sino un peligro potencial para sus hijos, para aquellos a los que quieren proteger y a los que dedican cada día de su existencia. Están creando un problema donde no lo había y el número de supuestas disforias de género en niños es alarmante. Se está comenzando a ver como una moda y ya todos miramos a nuestros hijos y rezamos todo lo que se nos ocurre para que al catálogo de errores vitales de los adolescentes no se una este. Porque estamos indefensos y no hay vuelta atrás.

El mayor síntoma de inteligencia es saber por qué estás dónde estás. Puede parecer sencillo, pero no lo es, requiere capacidad de análisis y, sobre todo, de humildad porque si has llegado a un lugar que no te gusta, lo más probable es que la causa seas tú. Y el PSOE no está entendiendo que este no es un asunto menor ni es una tontería como la del Valle de los Caídos o la campaña contra la carne del ministro de Phoskitos. Los niños son sagrados y no se están enterando de que en las mesas de España no se habla de otra cosa y en las reuniones de amigos no hay otro tema. Hay un consenso general en la calle, en todos los colores y en todos los estratos: esto es una locura, la gente tiene miedo y me temo que la culpa del fin de Sánchez no vendrá por la derecha, ni por la Iglesia, ni por los señores de Madrid que fuman puros. La culpa vendrá únicamente de no haber entendido que estaban jugando con nuestros hijos por un puñado de votos.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 7 de noviembre de 2022. Disponible haciendo clic aquí).