En la soledad de la habitación, cuando los Windsor se vuelven Spencer, Guillermo llama Harold a Harry, lo cual no tiene demasiado sentido porque el Duque de Sussex se llama Henry. Cosas de la realeza que usted y yo, ibéricos plebeyos, no podemos comprender. Para su tranquilidad, les advierto que no lo entiende nadie en toda Inglaterra. Pero yo tengo una teoría. Resulta que en 1066 tuvo lugar la batalla de Hastings, donde el ejército franco-normando del Rey Guillermo se enfrentó contra las tropas sajonas de Harold I. Esta batalla tuvo lugar en Sussex, ducado cuyo título ha heredado Harry. En Hastings lucharon, así, el futuro rey contra el Duque de Sussex, un tal Guillermo contra un tal Harold. Si yo fuera a ser rey y quisiera tocar las narices a mi hermano pequeño, Duque de Sussex, dejándole claro quién manda, no encontraría un apodo mejor.

Mañana Harry publica sus memorias. Si tenemos en cuenta que solo tiene 38 años, creo que serán pocas. Y más aún si la mitad de esos años se los ha pasado de fiesta. Puede que nos encontremos ante las primeras memorias sin recuerdos. Y quizá sin dignidad, porque Harry parece utilizar el libro para seguir ajustando cuentas con su hermano y, de paso, para hacer un daño irreparable a su familia y a la Corona.

Y todo por una mujer. Siempre hay una mujer detrás de todo. En mi pueblo dicen que hay más chicas que botellines, pero también dicen que hay más tontos que botellines. Lo que queda claro es que hay muchas chicas, muchos tontos y muchos botellines. Y que, en este caso, confluyen: una chica del montón encuentra a un tonto del bote, que es como cuando Harry encontró a Sally, solo que se llama Meghan, como el Renault. Y no hay nada peor que una mujer inadecuada para un tonto de las narices. Porque Meghan hay muchas, Harry. Más que botellines. Pero familia real inglesa solo hay una. Y resulta que es la tuya. 

Te va a dejar, Harry. Te lo adelanto, aunque me temo que lo sabes tú, lo sabe ella y lo sabemos todos. Como dice Sabina, los besos que te dan las chicas malas salen más caros cuando los regalan y huelen a fracaso. Y las mujeres como Meghan no cambian, quien no tiene escrúpulos para destruir una familia, no tendrá escrúpulos para destruir dos. Se va a ir y, no tardando, vas a ver a tus hijos pasando la Navidad en Los Ángeles mientras ella cura su depresión con un actor secundario. Y vas a tener que pedir permiso para verlos. Y un día, en lo más alto de la culpa, pensarás en lo que has hecho por una mujer que no valía la pena. Y entenderás que lo has jodido todo. Y vas a querer volver a casa. Tú también volverás, Harry. Echarás de menos la niebla de Kensington y allí te recibirán con los brazos abiertos, porque es tu familia, la única que has tenido. Y explicarás a tus hijos el significado de la palabra piedad y por qué no deben hacer jamás contigo lo mismo que tu hiciste con los tuyos. Porque, como sabes, la batalla de Hastings la ganó Guillermo. Y ésta también. ¿Entiendes ya por qué te llamaba Harold?

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 14 de enero de 2022. Ignacio Camacho dijo que ojalá la hubiera escrito él. Disponible haciendo clic aquí).