La pregunta, a estas alturas, ya no es si la coalición de gobierno de Castilla y León estallará sino cuándo lo hará, con qué excusa y quién será el que la detone. Entramos de lleno en la batalla del relato, en los minutos de la basura de una coalición inviable. Primero, porque el Partido Popular no es capaz de interiorizar que no gobierna en solitario, que no tiene mayoría absoluta, que esto no es su cortijo y que si quiere ser apoyado por otro partido tiene que ceder en algunas cosas. Es decir, que gobernar con Vox tiene consecuencias. Porque Vox no es un buen socio, es molesto, no es dócil, no se achanta y busca llevar el debate a donde le interesa. Para eso está Juan García-Gallardo, un vicepresidente sin competencias cuya única misión es colocar en el debate público aquellos temas que a su partido le interesan en Madrid, es decir, el aborto, la memoria histórica, la inmigración, las armas, la ideología de género, la caza, el feminismo radical y su guerra cultural. Están en su derecho, para eso les han votado. Si ese es su trabajo, García-Gallardo lo hace de modo excelente. 

El único problema es que ese no es su trabajo: se le paga para gobernar. Y no se puede usar el dinero público para hacer proselitismo ideológico. Pero Vox no está contra el adoctrinamiento, sino solo contra el adoctrinamiento de la izquierda. Y, por supuesto, nunca ha tenido la menor intención de hacer viable este pacto de gobierno, porque no sabe ceder, no sabe gobernar y no sabe llevar a cabo un programa. Ni siquiera tiene programa. Vamos, que tenemos una coalición de cine en la que ninguno de los dos cree

Y es lógico: PP y Vox no son proyectos compatibles. Es más, son proyectos antagónicos, con tradiciones diferentes e ideológicamente opuestos –un reaccionario es lo contrario de un conservador–, lo cual se complica si, además, el fin último de Vox no es ganar a la izquierda sino desprestigiar al PP y mostrar sus contradicciones para hacerse con sus votantes, a la postre su única fuente de votos. Y cuando hablo de ideología hablo del PP de Madrid, claro, el PP de Mañueco no tiene ningún proyecto más allá de mantener a Mañueco en el poder. Realmente, el gran drama de esta comunidad es que, a pesar de todo, la alternativa sea otra coalición, la del PSC de Tudanca, Podemos y UPL. Es decir, que después de cuarenta años, la alternancia no sea posible porque el remedio es peor que la enfermedad. Y que, por ello, nos tengamos que conformar con elegir, como si fuera una maldición, entre PP con Vox o PP en solitario.

Esa es la decisión a la que se enfrentaron los andaluces, que dieron mayoría absoluta a Juanma Moreno. Y es la decisión a la que nos enfrentaremos los castellanos y leoneses, posiblemente en mayo. Solo queda armar el relato. La última vez que Mañueco sacó su navajita plateá lo hizo con un relato falso y mal armado. Esperemos que haya aprendido, porque, por más que nos digan lo contrario, las medidas que García-Gallardo y Carriedo anunciaron no solo existían sino que, además, estaban consensuadas. Son medidas del gobierno, de todo el gobierno, no de Vox, al igual que las locuras de Irene Montero son locuras del PSOE. Vox, como es lógico, espera que las medidas se publiquen en el BOCYL y se pongan en marcha. El PP no lo hará. Y no por la amenaza de un 155 ridículo (suspender las autonomías es el sueño de Vox) sino porque Feijóo necesita ir a estas citas electorales mostrándose libre de ataduras, firme contra las imposiciones de Vox y centrado. La consecuencia de recular será que todos los cargos de Vox dimitan y manden un aviso al PP: ya sabéis lo que os espera en toda España si no cumplís los pactos. No puede ser otra. Y, por lo tanto, iremos a elecciones autonómicas. 

Ante este panorama, Mañueco solo tiene una opción que es anticiparse, sacar del cajón la navajita plateá, cesar a todos los cargos de Vox y esperar al 2 de abril para disolver las Cortes e ir a autonómicas junto al resto de comunidades dejando claro a toda España que Vox ni les intimida ni marca la agenda. Pero, para ello, necesita el permiso de Génova –lo tendrá, están dispuestos a sacrificar un peón para proteger al rey– y un relato convincente. La diferencia con lo de Igea es que, esta vez, les sirve con decir la verdad. Y que a su único rival posible ya lo tiene haciendo campaña en Las Delicias.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 19 de enero de 2023. Disponible haciendo clic aquí).