
Hoy la censura no existe. O no existe como entonces; para sobrevivir ha sabido mutar en algo más sutil, en presiones veladas, en sugerencias venenosas y en guerra económica. Bien, eso se puede sortear. Pero se sortea peor la última mutación, que es la autocensura, es decir, no decir lo que piensas, pero sin que nadie te presione, solo porque hay días que no apetece aguantar linchamientos y amenazas. Pero a esto nos dedicamos, así que el día que eso suceda, hay que irse. Aquí estamos –al menos los opinadores– para decir lo que nos dé la gana, para incomodar y para situarnos enfrente de los que utilicen su poder de hoy para proteger lo que juraron combatir ayer. Es decir, de los nuevos Fragas. Y que, cuando lo hagan, al menos tengan la total certeza de que, desde El Norte, se les va a combatir abiertamente. Se llamen como se llamen.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 24 abril de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).