
Vengo a pedir perdón a nuestros vecinos extranjeros. No lo pido en nombre de mi país; yo hablo en mi nombre y, a veces, ni siquiera eso. Pero siento una pena profunda y una vergüenza creciente por el hecho de que nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o nuestros familiares nacidos fuera de España tengan que asistir al espectáculo que estamos dando. Lo hacen, además, callados, haciendo como que no se enteran, como esos niños acostumbrados a que sus padres se insulten y que acaban evadiéndose y aceptando el arte para no morir de la verdad, como decía Nietzsche. Creo que ha llegado el momento de escribirlo, sobre todo de cara a la hemeroteca; es posible que algún historiador en el futuro se asome a ABC para intentar interpretar la ola xenófoba que se apoderó de parte de la política española en 2026. Y quizá se llevaría la falsa impresión de que nos daba igual.
Pues no, no nos daba igual.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 26 abril de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).