Como ya hiciera en Pensilvania, Trump esquiva a la muerte y sobrevive a un atentado en Washington. La primera vez sonó como un zumbido de abeja del calibre 223 y la segunda como una bandeja mortuoria, una bandeja de funeral por lo civil que a punto estuvo de convertir el Hilton en el palacio de Maqueronte y la cabeza santa del Bautista en una naranja y con queratosis. Entonces la vida le dio una segunda oportunidad, demostrando que Dios perdona y que hay un mensaje de esperanza para los pecadores, especialmente para los peores, como es el caso. Hoy le da una tercera. Si fuera inteligente y tuviera algo de sensibilidad dedicaría tiempo a reflexionar, a orar y a dar gracias. Y necesariamente concluiría que esa soberbia ridícula que se gasta ya no tiene sentido. Que la vida va en serio uno lo empieza a comprender en Butler.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 27 abril de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).