Vivía Camba angustiado por aquel lector de Guadalajara que se había suscrito al periódico tan solo para leerlo a él. Contaba el gallego que, desde entonces, al escribir cada columna solo podía pensar en el señor de Guadalajara, cuya imagen le obsesionaba: «Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma e inmediatamente me digo ¿le gustará este tema al señor de Guadalajara?». Bien, yo siento algo parecido con Laureano, un lector de Salamanca que envía cartas al director. Pero no cartas cualesquiera: Laureano envía obras de arte. Hace unos días se publicó esta: «En un mundo en guerra. De inflación. De tensiones políticas. De fanatismos. De bandos. De corrupción. De miseria. Es imprescindible la frivolidad. Los calcetines rojos como medicina contra los uniformes grises. El debatir sobre la mejor tortilla de patata mientras se cierra el estrecho de Ormuz. Discutir con un uzbeko en X sobre si la culpa es de Mbappé o de Vinicius. Preocuparse porque este finde no llueve en París. Nuestra defensa aérea ante los constantes bombardeos de odio y terror debe de ser el placer. Pídete un vino más caro. Viaja más. Invita a una copa a una desconocida. Créete escritor. Haz lo que debas. Tú sabes mejor que nadie el tratamiento que necesitas. Combate la muerte autorregalándote flores«. Como ven, el texto desprende frescura, hallazgo y frivolidad, que es lo que tiene que desprender una buena columna. No solo aborda temas de actualidad, sino que además lo hace desde un punto de vista nuevo, personal y tan sugerente que nos hace levantar el vuelo.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 10 mayo de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).