Clint Eastwood anuncia que se retira del cine a los 96 años. Como dicen los tertulianos, respeto su decisión, pero no la comparto: me parece muy pronto. En la vida hay decisiones que no se pueden tomar tan a la ligera y dejar de trabajar a los 96 años es, a todas luces, precipitado. Lo entiendo si eres minero, tornero fresador o lateral derecho del Real Madrid, pero no si tu trabajo se limita a ser tú mismo y a activar los talentos que te han sido dados, recordando siempre la responsabilidad que supone haberlos recibido. En realidad, el talento no existe: todo es don, todo es gracia. El talento no se posee como no se posee una mujer ni una fortuna. De hecho, el talento no se tiene: el talento te tiene a ti. Y por eso es provisional, algo que simplemente pasa, como pasa el aire por los pulmones para volver, con una nueva estructura, al lugar del que salió. Eso convierte al hombre talentoso en un simple médium. Pero sobre todo en un esclavo, en un canal por el que fluyen ideas que nunca fueron suyas, como tampoco lo fue el amor ni el oxígeno.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 6 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).