Un día, en ‘Espejo Público’, entrevistábamos a unas señoras que aseguraban estar aterrorizadas porque en su barrio había tres jóvenes de color –de color negro, que dirían Les Luthiers– que se pasaban las tardes sentados en un banco en la calle. «No podemos pasar por ahí. Y cuando se hace de noche es aún peor», aseguraban. Luego el reportero entrevistó a dos chicas jóvenes que nos aseguraron que pasaban miedo, miedo real y físico ante la posibilidad de que esos chicos las agredieran, las robaran o las violaran. «¿Pero tienen ustedes motivos para tener miedo?», les preguntábamos. «¿Alguna vez han hecho algo a alguien?», insistíamos. «No, no, nunca han hecho nada a nadie», respondían. «Pero entonces, ¿por qué les tienen miedo?», nos interesábamos. «Pues porque a cualquiera le da miedo pasar por delante de tres inmigrantes cuando va sola, imagínese usted». O sea, que los tres chavales eran pacíficos y se pasaban las tardes sentados en un banco, pero son negros y ese es motivo suficiente para que el barrio perciba un peligro ontológico. «Perdone señora, pero si usted tiene miedo de unos chavales pacíficos e inofensivos por el color de su piel, el problema lo tiene usted, que es una racista, aunque no lo sepa».

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 26 junio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).