
Los tres bares forman una pequeña aristocracia en el Valladolid burgués. Su mera presencia vertebra nuestras vidas y hace que su entorno sea mejor, por ósmosis. Y si no lo se creen intenten pensar en un Valladolid sin esos tres bares y, en su lugar, con tres tiendas de uñas, que se ve que hay pocas. No sé si merecería la pena seguir viviendo porque nuestro Valladolid habría muerto y nosotros mismos seríamos ya otra cosa. Mientras tanto, por si acaso, voy a pasarme a saludar y a tomarme tres vinos. Que solo de pensarlo me he puesto nervioso.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 3 de julio de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).