Juan Carlos Onetti – Les vrais voyageurs

Hay restaurantes de los que uno se quiere ir y restaurantes de los que tienen que venir a echarte. Sacha pertenece a la segunda categoría. La historia se ha contado muchas veces y por eso cuenta con las imprecisiones propias de las grandes leyendas. A mí me la contó el propio Sacha tras una comida en la que nos instaba a alargar la sobremesa todo el tiempo que deseáramos. Al que no lo conozca, le sitúo: Sacha tiene pinta de tocar blues en el Delta del Misisipi o de dirigir cine negro como el corazón de Albares. Pero, con esos mimbres, el tipo ha optado por cocinar cerca del Bernabéu. La historia llevaba adosada una advertencia: «Esta es la mejor anécdota del mundo. No encontrarás otra igual. Te aviso antes de contártela para que lo tengas claro». La cosa es que tenemos en el restaurante a Guido Castillo, aquel escritor al que Borges consideraba el mayor experto en El Quijote. Aquella noche se sentó con Juan Carlos Onetti y con los Hormaechea y empezaron a hablar de Cervantes. Cuando terminaron, o cuando alguien decidió que aquello tenía que terminar, habían pasado dos días enteros, es decir, cuarenta y ocho horas de sobremesa en las que se había bebido lo suficiente como para financiar una denominación de origen emergente. Algún cliente decidió que había que llamar a la policía. Y no para denunciar una pelea, que sería lo normal en un restaurante tras dos días bebiendo. Sino para que desalojaran… ¡al dueño!

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 30 agosto de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).