El pasado miércoles Sánchez afirmó en el Congreso que quienes enviaron al exilio a cientos de miles de españoles fueron los antepasados de los cargos del PP. O sea, que los padres y los abuelos de los militantes del Partido Popular son culpables y responsables directos del exilio. No sé qué pensará de esto Pablo Casado, cuyo abuelo estaba afiliado a UGT y prestó servicios médicos al bando republicano. Lo mismo, por cierto, que el de Rafael Hernando. O el de Maíllo, un abogado que combatió por la República. O el de Alejandro Fernández, que no solo era republicano sino directamente del PSOE. O el de Álex Sáenz de San Pedro, del PP balear, teniente coronel de la República, fusilado por Franco.

Tampoco sé qué pensaría Urtasun, cuyo abuelo ganó la guerra a las órdenes de Franco. Y ya que estamos tampoco sé qué pensaría de sí mismo Sánchez, cuyo abuelo, Mateo Pérez-Castejón desertó del bando republicano para unirse a la Legión y luchar con el ejército nacional, que lo terminó condecorando por sus servicios. Puestos a evitar sangre facha, algunos deberían evitar especialmente las auto transfusiones. Pero la cosa va más allá. En su libro ‘Camaleones, desmemoriados y conversos’, Sebastián Moreno cita una larga lista de personas que han transitado por esos vasos comunicantes entre el falangismo/franquismo y el socialismo/progresismo: Gonzalo Torrente Ballester, Javier Pradera, Leopoldo Panero, Francisco Fernández Ordoñez, Dionisio Ridruejo, José Bono, Eduardo Haro Tecglen, Antonio Tovar, Mariano Fernández Bermejo, Jesús Polanco, Pedro Laín Entralgo, Jorge Verstrynge, José Luis López Aranguren, Luis Rosales o José Antonio Maravall, a los que se podría sumar una lista interminable de profesores universitarios y altos funcionarios del Régimen que hoy militan en el PSOE o exhiben posiciones progresistas.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 12 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).