Solo que sucede que la extrema derecha no es derecha. No asume la cosmovisión de la derecha y la supera, sino que ni siquiera llega. En realidad, son infraderecha. Comparten más con la izquierda que con la derecha: por la revolución, contra el Rey, contra la Constitución, contra el libre mercado, contra las élites, contra el IBEX, contra la Iglesia, contra la UE, contra la OTAN, contra la globalización y contra las instituciones. Vamos, que la infraderecha es la izquierda de siempre, pero con xenofobia y nacionalismo. Por eso crece en barrios obreros y estados excomunistas, porque apelan a lo mismo y quieren destruir lo mismo: el Estado de derecho, la división de poderes y los derechos individuales.

No se puede construir desde un negativo. Solo sabiendo qué defendemos podemos saber de quién habremos de hacerlo. Pero cuando surge alguien que lo tiene claro y critica con igual intensidad los tics iliberales de unos y de otros, lo llaman equidistante. La solución parece ser criticar solo a unos y dejar de defender unas ideas para pasar a defender unas siglas, es decir, dejar de ser periodistas para convertirnos en activistas. Tras Sajonia-Anhalt han nacido los nuevos equidistantes: siempre en algún lugar entre la libertad y sus enemigos. Ya verás cuando se enteren de esto los vomitadores de tibios.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 5 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).