Pero Feijóo insistió, exigiendo que respondiera a la pregunta –ventajas de hacer una y no catorce–: «Si Marruecos está, como asegura, dispuesto a recibir a todos sus ciudadanos y la ley europea lo habilita, ¿por qué siguen allí? O usted es un incompetente o alguien miente». Sánchez miró entonces fijamente a Feijóo y comenzó un preocupante espectáculo de gestos, provocaciones, risas nerviosas y golpecitos en la cara, como un boxeador marginal retando a otro en la báscula. Quizá para él todo esto sea solamente una especie de partida de rol o un juego de estrategia en el que los españoles somos las fichas. Y puede que por ese motivo decidiera mantener su sonrisa cínica, desquiciada y retadora durante toda la sesión, provocando momentos desagradables, como cuando Juan Bravo le preguntó si le parecía normal que los estudiantes ceutíes llevaran en la mochila «un estuche, un cuaderno y un bote de gas pimienta» mientras la realización mostraba a Sánchez riéndose, feliz y relajado, entrecerrando los ojos miopes como Marylin Monroe pasadita de Nembutal. El bochorno insultante de un clown crepuscular y triste.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 17 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).