
«Todos somos caballas», ponía en la camiseta. Solamente eso. No ponía: «Estamos contra Marruecos», ni «el Real Madrid por el supremacismo blanco», ni «Ceuta con el nacionalsocialismo». Ponía «Todos somos caballas», que es una manera bastante elemental de decir que cuando un pueblo sufre nos ponemos a su lado. ¿O cuándo Rusia invadió Ucrania pensamos en el sufrimiento de los rusos para negarnos a decir «Todos somos Ucrania?». No. Todos fuimos Ucrania, como fuimos Paiporta, Nepal o George Floyd. Y ello sin convertirnos en valencianos, nepalíes o afroamericanos. A no ser que solidarizarse con el dolor ajeno se haya convertido en una provocación política y entonces estamos peor de lo que pensamos. En ese caso convendría que alguien nos explicara cual el mensaje correcto. Quizá «Nos da igual el sufrimiento ajeno». ¿Es eso? Lo digo para tenerlo claro la próxima vez que Vinicius pida apoyo en una campaña contra el racismo o Mbappé contra la extrema derecha. Porque el resto podríamos decirles que nosotros tampoco queremos priorizar sufrimientos, que es lo que Mbappé ha dicho para justificarse. Cuesta entender el gesto: la camiseta no decía que unos muertos importen más que otros, ni que haya que elegir entre gente que sufre, ni planteaba una competición universal de desgracias. Solo decía «Todos somos caballas».
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 19 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).