
Debo confesar que fui con pocas ganas porque los cementerios me producen terror. No es una manera de hablar: pese a tener tres abuelos enterrados en El Carmen, he conseguido convivir con ellos sin necesidad de visitarlos, que es una manera cobarde de afrontar las cosas, pero bastante eficaz. Los muertos, mientras permanezcan dentro de uno, están relativamente controlados; el problema comienza cuando aparece una piedra con su nombre y dos fechas. Y la vida se convierte en un guion. Aun así, decidí buscar a mis abuelos. Me costó un rato largo, pero cuando los encontré, me emocioné. Recé un rato delante de cada tumba con esa extraña sensación de estar pidiendo por personas que, en realidad, llevan años pidiendo por ti. Porque uno va creciendo y cree que deja atrás a sus abuelos hasta que un día descubre que lo que sucede es lo contrario: son ellos los que se han quedado quietos y tú el que se ha alejado. Lo sorprendente vino después. Porque yo pensaba entrar, buscar a Ángeles, cumplir con mis muertos y salir escopetado hacia la vida. Pero la realidad es que me quedé hora y media dando vueltas sin necesidad ni objetivo aparente. Y, durante ese rato de tranquilidad, rodeado de cipreses y de una familia de gatos negros, el cementerio me pareció por primera vez algo fascinante, bellísimo y, sobre todo, tranquilizador. Esto último no me lo esperaba: hay algo extraño en descubrir paz en el lugar en que sitúas el horror, algo así como entrar en una casa encantada y encontrarte dentro a tu madre haciendo croquetas. Pero perdí el miedo y me fui metiendo entre las tumbas como una mezcla de arqueólogo, cotilla y voyeur, leyendo apellidos, fechas y epitafios; mirando ángeles de piedra, fotografías antiguas y lápidas que resumen amores, fortunas y tragedias en apenas cuatro líneas. El cementerio es una hemeroteca sin noticias, un archivo sin bibliotecario y una ciudad en la que todo el mundo ha dejado de tener prisa.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 18 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).