
El primer 15-M fue una basura intelectual, pero, sobre todo, moral. Si es que ambas basuras no fueran, en realidad, la misma. No obstante, sus consecuencias fueron más allá del vertedero. Es cierto que Podemos nunca logró su objetivo de «tomar los cielos por asalto», pero, en cambio, sí que logró imponer su marco rupturista, infantil y frentista a la hasta entonces ‘izquierda moderada’. Así, el sanchismo y su muro contra la mitad de España bebe directamente de la retórica guerracivilista de Iglesias, y de su guerra abierta contra la Constitución y la nación reconciliada en el 78. O sea, que Podemos-Sumar resultaron un fracaso como organización, pero un éxito como visión. Y de aquellos polvos, estos lodos de polarización, radicalización y sectarismo. Lo que sin duda resultó más sorprendente fue que aquello terminara por calar también en la derecha, que poco a poco se fue ‘podemizando’ de modo simétrico y cambió su discurso de orden, libertad y estabilidad para entrar en lo identitario, lo nacionalista e incluso lo xenófobo. Es decir, en marcos posmaterialistas, como si en vez de hijos de Ortega lo fueran de Gramsci. De algún modo el virus populista mutó y se expandió, logrando que, aunque el país no comprara las soluciones de Podemos, sí que comprara su idea de la política como resorte emocional en el que el más fuerte es el que dice el simplismo más evidente y la barbaridad más grande. Nos guste o no, Iglesias no cambió solo a la izquierda sino a toda la sociedad española, que se empezó a mostrar encantada de vivir en una sucesión de quince-emes mentales, de populismos pendulares, de mesías sucesivos y de vendedores de crecepelo que convirtieron la política en un proyecto de salvación con las reglas de un ‘reality show’.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 28 de septiembre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).