En la Puerta del Sol no solo es orgánica la democracia: también la basura. Y al amanecer del cuarto día, la plaza ya no era solo un repositorio de desperdicios intelectuales sino también puramente tridimensionales. Los pies de las papeleras desbordaban bolsas y botellas y se convertían en depósitos de desechos, puede que en arte urbano. Supongo que Almeida habrá concluido que, puesto que los acampados no pagan la tasa de ocupación que les corresponde, la limpieza derivada del sóviet quechua debería recaer en el delegado de Gobierno, que fue quien la permitió. En cualquier caso, a escasos metros del vertedero, nueva sesión de control en el Congreso, que en esta ocasión los acampados prefirieron no rodear. No interpreten el gesto como un avance en el proceso de civilización de la extrema izquierda; al contrario, solo están esperando. Si la coalición PP-Vox llegara alguna vez al gobierno veríamos cómo sus consignas ya no se dirigirían contra unas políticas concretas sino contra la legitimidad de las Cortes. Así que, de momento, paz en la carrera de San Jerónimo. Supongo que a ello ayudaría el hecho de que Sánchez se volviera a ausentar del hemiciclo; tras su paso por Nueva York, ahora visita de Macron. Comprenderán ustedes que París y Manhattan tienen más glamur que este Madrid castizo, garbancero y repleto de españolitos cabreados, que le deben dar hasta un poco de asquito. Y sin el presidente, las preguntas se dirigieron al vicepresidente Cuerpo.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 1 de octubre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).