El centro no es un lugar al que se vota, sino un lugar desde el que se vota. Esto no lo convierte en un marco ideológico sino en una actitud política y en un espacio de construcción de mayorías. Esto nunca acaba de quedar del todo claro porque, en nuestro país, la sofisticación intelectual es sospechosa, como si pensar fuera un signo de debilidad en lugar de uno de fortaleza. Como se ha repetido en infinidad de ocasiones, el centro no es una posición equidistante entre izquierda y derecha ni implica que un partido deba abandonar sus convicciones para colocarse a mitad de camino. Algunos llevamos años insistiendo –sin éxito– en que el PP debe proyectarse desde el centroderecha, pero conservando su identidad liberal, conservadora y democristiana y no traicionando esos principios para abrazar lo nacionalista, lo populista y lo xenófobo, enfermedades de las que había sido dique en lugar de, como ahora, trampolín. Porque lo que caracteriza al centro es aceptar el pluralismo, reconocer la legitimidad del adversario, respetar las instituciones y anteponer la convivencia a la lógica de bloques.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 12 de octubre de 2026. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).