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Balada de jueves por la noche

No podría cenar contigo mientras vemos la tele, verte con esas ensaladas inmensas como de hervíboro ni ese calor africano que persigues. No podría soportar otro capítulo de esas series americanas de médicos… Sigue leyendo

Apología del fracaso aspiracional

Onetti nos enseñó que perder es lo normal y que no pasa nada; que fracasar es algo inevitable ante lo cual sólo queda una salida que -por supuesto- es seguir fracasando una y otra… Sigue leyendo

London Blues

Como la muchacha del cuadro de Dalí, ahora sé que lo que divide esta ventana no es sólo un espacio, sino el universo al completo. Del cristal hacia dentro, el desamparo de dos… Sigue leyendo

No te rindas

Aunque tengas que celebrar en soledad el éxtasis de una buena idea, de la melodía perfecta, del trazo imperceptible. Aunque tengas que saborear tú solo la emoción incalculable de una frase brillante, el… Sigue leyendo

Retrato de Adele Bloch-Bauer I

—Piénselo, por favor, señor Klimt. Algo me dice que si lo medita profundamente, finalmente accederá a mis deseos por ser los más adecuados. Gustav comenzaba a desesperar. En algún momento esa mujer debería… Sigue leyendo

El niño

Sólo hay una manera de que no mueran más niños en pateras y no es otra que no meter más niños en pateras. Sólo hay una manera de no querer meter más niños… Sigue leyendo

Identidad

Luisa Etkenike advierte que la identidad no es algo que recibamos de serie, como el equipamiento de los coches, y tiene mucha razón. La identidad hay que crearla. No digo buscarla, como si… Sigue leyendo

Septiembre

Por fin acaba esa vulgaridad llamada agosto. El propio nombre aletarga: agostar es debilitar, destruir las cualidades físicas o morales de alguien. Agostar, dicho del ganado, es también pastar durante la seca en… Sigue leyendo

Tocata y fuga

En mitad de un Vía Crucis, mi madre se sintió mal, se mareó y finalmente cayó fulminada al suelo, desmayada. En la iglesia, entre la luz taciturna de un viernes santo de 1978,… Sigue leyendo

Mi pediatra es mejor que el vuestro

El primer día que llegué a esa sala de espera me sentí como Hannibal Lecter en el Museo de Cera. Varias madres me observaban con una mezcla de incredulidad y de estupor, como… Sigue leyendo