De buenos y malos

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Hay una parte del mundo que ha decidido libremente instalarse en el salvajismo, en el fanatismo y en el ultraislamismo como norma. Recordemos que El Corán no solo es la revelación trascendente del profeta Mahoma sino que forma un código civil, una recopilación de normas de obligado cumplimiento. Por ello nunca podrá haber democracia en un país gobernado por islamistas o en un país con islamistas radicales en la oposición. Democracia es reconocer que la soberanía reside en el pueblo y que este la usa para elegir a aquellos que hacen las leyes. Democracia es decir que la Sharía no es la norma ni puede serlo. Libertad es lo que necesitamos aceptar para que haya democracia. Si decidiéramos cargarnos a los sagitario, por mucha mayoría que se diera, no sería democrático. Los suníes no parecen verlo del mismo modo con sus hermanos no suníes o con sus hermanos coptos.

Siempre me ha parecido, por cierto, una desgraciada tontería esa de que la invasión musulmana en la península ibérica duró 800 años. Una invasión no dura ocho siglos. Si echáramos de USA a todos los que lleven menos de ocho siglos, no quedaba ni uno. Eran españoles, sólo tenían otra religión. Insisto que el problema no es la religión, sino el sometimiento de todos al imperio de la ley. Todos incluye a militares despóticos y a imanes.

Occidente es evidentemente superior al mundo islámico. No lapidar es superior a lapidar, ir sin burka es superior a ir con burka. Amputar el clítoris a las niñas es de hijos de puta. Sí, ya me sé la monserga de la alianza de civilizaciones y del pacifismo de los verdaderos creyentes islamistas. Me la sé porque la he oído muchas veces, pero no me la creo. Que reconozca la existencia de pacifistas y que no confunda churras terroristas con merinas aterrorizadas es una cosa, y que la democracia se basa en el respeto a las ideas de los demás, es otra. Ya sabemos que para estos salvajes la diferencia entre tus ideas y las de los demás es quien de los dos tiene más armas. En el Reino Unido o en Estados Unidos, por ejemplo, la población con creencias islámicas es enorme. Pero o se someten a la democracia, o se van. No matan. La democracia es la hija de la libertad, no su madre.

Por lo demás, me da igual. Me duele ver a los muertos. Pero los vivos decentes tienen dos opciones: pasarse por la piedra a esta gentuza (a toda) o emigrar y salvar a sus hijos y sobre todo hijas, que es lo que hacen los padres que merecen ser llamados padres. No hay democracia sin revolución intelectual previa. No hay revolución sin ilustración. Y no tiene pinta de que vaya a salir Rousseau ni Voltaire ni Locke ni Montesquieu de las mezquitas suníes para enseñarles lo que es una democracia liberal y la revolución que necesitan hacer. Twitter no va a hacer el trabajo. El filo de los hashtags no corta tanto como el de las guillotinas.

Luego, si ustedes quieren van a ver Egipto o a agujeros indignos de este estilo, a darse una vuelta o a ayudarles. La única cooperación internacional que aprobaría con ellos es militar, es ayudarles a salir o ayudarles a liberarse de si mismos, como hizo USA en Europa desembarcando en Normandía en el 44 salvándonos a todos o interviniendo en Yugoslavia mientras los europeos nos la cogíamos con papel de fumar y no sabíamos qué hacer en Sarajevo. Y todavía algunos no se han enterado de quienes son los buenos.

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