Inventario perroflauta

perroflauta

Ahí los tengo: dos bellos ejemplares del tardoperroflautismo. Se diferencian del protoperroflauta original en su deriva hacia la ñoñez. El perroflauta en su versión más arcaica mostraba ciertos aspectos hippies, como se puede observar en sus reminiscencias comunales, pero con ciertos rasgos punkies (reconocibles sin duda por el abuso de la “k” en las escasas fuentes manuscritas que se conservan). Así, el estilo perroflautesco primitivo, tenía como hecho diferencial su tendencia a “okupar”, la conservación de pegatinas de “mili kk”, o la fuerte presencia de la autodenominación “komandos” en su vertiente menos urbana.

Así, la flauta y el chucho, solían responder –pese a que este hecho ha pasado prácticamente desapercibido para los analistas- a un modo de vida eco-friendly antifronterizo que les hacía adoptar comportamientos prácticamente nómadas, con la sola compañía del instrumento con el que deleitar al mundo vía artístico-caritativa y, por su puesto, de su inseparable cánido. Es decir, su carácter individualista y -en muchos casos incluso de forma radical- solo se veía refrendado en su ausencia de compromiso en el largo plazo por resultarles algo burgués, permaneciendo -no obstante- en grupos abiertos y no estructurados la mayor parte de su tiempo.

El giro a la neoperroflautedad de esos primeros grupos protoperroflautas, hijos sin duda –aunque de forma indirecta- del 68, se da en su progresivo aburguesamiento económico, en la influencia clara del anarcosindicalismo de las primeras décadas del siglo XX, en el abandono definitivo de lo cánido-friendly hacia el toro-hater, así como el radical giro desde la flauta a otros instrumentos musicales de implantación tradicionalmente escasa en el sur de Europa como el ukelele, la harmónica, el xilófono o –en sus manifestaciones ultrapirenaicas- a ciertos complejos sistemas de samples que manejan con soltura como vía de repetición previa a su evidente fusión de estilos. Así, el estilo perroflautístico –centrándonos siempre en su rama ibérica- es eminentemente ecléctico y necesita de ese aburguesamiento ya comentado como base desde la cual establecer un sistema de creencias –en ocasiones contrapuestas- nítidamente particulares. Si –decíamos- el proto vivía sólo y dormía en komuna, el neo vive en comuna para dormir -bien solo, bien con sus progenitores- totalmente apartado del grupo, en un giro gregario/egregio de difícil comprensión para el observador más avezado.

La perroflautología, del mismo modo, observa una clara evolución desde la cresta “proto” hacia una ausencia total de ella en las testas “neos”, si bien, se contrasta una abundancia de pelo en el rostro o, en los últimos hallazgos, también entre labio superior y las fosas nasales. Desaparecen los piercings, se incrementa la penetración de los tatuajes y la colaboración intraperroflautesca en espacios de gestión común o iniciativas claramente grupales de acercamiento campo/urbe, como son clara muestra los huertos urbanos.

Se observa perroflautear poco en grupos de adolescentes urbanos (los perroflautescentes) y prácticamente nada en las vertientes del interior, más tendentes al electronihilismo y a la fitofitipaldez y -sin llegar en ningún caso al New Bohemian-, se percibe un leve retrorromanticismo, fijándose como consecuencia la población en dos grupos claramente diferenciados aunque con evidentes características comunes. Ejemplos de lo anterior sería el más que sorprendente gusto por las prendas que –bien por exceso, bien por defecto- no son de su tallaje y por la reivindicación de las gafas, los gorros de lana y el folk del medio oeste americano en el caso de los varones y de un extraño exceso de ropa de abrigo en sus manifestaciones femeninas, incluso en periodos de clima no tan desfavorable.

El abuso del Jägermeister es compartido en todos los grupos estudiados, aunque permanece mucho más oculto en los casos rurales, perroflautadamente aún menos evolucionados en ciertos aspectos aunque claramente por delante en muchos otros, como son claro ejemplo su monopolio de las expresiones festivaleras, en las que cabe mencionar la aparición de Raphael como sorprendente vínculo de unión con las generaciones antecesoras y con el resto de la sociedad, sin que se hayan encontrado aún relaciones causales que den explicación a este fenómeno.

Melómanos y cinéfilos, parecen mostrar una verdadera pasión por el teatro de calle que, no obstante, puede permanecer oculto por grandes periodos en el caso de la neoperroflautedad, no así en el caso del protoperroflautismo. Aunque han sido vistos en grandes cantidades y gustan de las manifestaciones y concentraciones, de modo curioso, huyen de lo mainstream excepto si lo mainstream –perroflautadamente visto- es hipster.

No habiéndose encontrado paquetes de tabaco en ninguna de las muestras analizadas, sorprende que fumen tanto. El hummus está presente en todos los casos.

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