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Ahí los tengo: dos ejemplares perfectos de tardosocialismo congresual. Se diferencian del protoprogresista original en su deriva hacia la ñoñez. El socialista en su vertiente altofelipista, -quizá su versión más arcaica- muestra aspectos pro-intelectuales y una sutil querencia hacia lo andalusí. El tardoprogresista, por su parte, muestra escaso interés académico y un fenotipo más catalán, rozando el buenafuentismo. Entre ambos, la variante zapateril que, aunque pueda ser confundida con el carmencalvismo, aporta matices naifs que lo hacen muy reconocible. No se conocen rasgos diferenciales entre Almuniers que nos lleven a pensar en ramas evolutivas diferentes. De hecho, no se conocen Almuniers.

Volviendo al paleoprogresismo o socialismo ‘Suresnes’, este ve refrendado su carácter colectivista en aspectos como la ausencia de compromisos emocionales al resultarles burgués, permaneciendo -no obstante- en grupos estructurados la mayor parte del tiempo. El giro a la neoperroflautedad de esos primeros grupos protoperroflautescos, hijos sin duda del 68, se da por su progresivo aburguesamiento económico y por el abandono definitivo de lo cánido-friendly hacia el toro-hater. Así, el estilo progresístico –siempre en su rama sociata- es eminentemente ecléctico y necesita de ese aburguesamiento ya comentado como base desde la cual establecer un sistema de creencias. Y ahí surge el lastrismo, la vertiente más confusa del neoprogresismo.

La ortodoxia progresistóloga observa en el 40º Congreso una clara evolución desde la chaqueta de pana ‘proto’ hacia el fachaleco ‘neo’. No obstante, se percibe nítidamente un conflicto entre los machos alfa González y Sánchez que, pese a regalarse abrazos -típico gesto de acercamiento entre grupos rivales- y optar ambos por americana, aunque de estilo dispar, solo en el caso del alfa más viejo viene además acompañado de corbata, en una actitud claramente paleosocialista para marcar distancia con el rival más joven, a la sazón, jefe de la manada.

Se contrasta un progresivo desapego por las barbas pobladas, según las últimas observaciones y se dispara la colaboración intraprogresista en espacios de gestión común o iniciativas grupales de acercamiento campo/urbe, como son clara muestra los huertos urbanos.

Se observa perroflautear poco en grupos de adolescentes (los perroflautescentes) y en las vertientes socialistas de interior, más tendentes al veganismo y a la fitofitipaldez y, sin llegar en ningún caso al ‘new cantautor’, se percibe un retrorromanticismo que divide el mundo progre en grupos diferenciados, aunque con características comunes. Ejemplos de lo anterior sería el gusto por las prendas moradas en las manifestaciones femeninas mientras surge con fuerza el paleo abalismo en las poses masculinas.

El abuso del tabaco negro es compartido por todos los grupos estudiados, aunque permanece más oculto en los casos progresísticamente menos evolucionados. Melómanos y cinéfilos, todos parecen mostrar pasión por el teatro callejero que, no obstante, puede permanecer oculto por largos periodos en el caso de la neoprogrez, no así en el caso del protoprogresismo.

Aunque han sido vistos en Valencia en grandes cantidades y gustan de manifestaciones y concentraciones, curiosamente, huyen de las masas excepto si las masas–perroflautadamente hablando- son ecologistas o feministas, sin caer en ningún caso en lo ‘queer’. Notas caribeñas en la preferencia de los grupos borrellianos. Auge imprevisto de piezas de oro. El puño en alto está presente en todos los casos.

(Esta crónica se publicó originalmente en ABC el 17 de octubre de 2021. Disponible haciendo clic aquí)