Mi herejía

Jesús no es Dios. Jesús es el hijo de Dios y así lo afirma. Él nunca afirmó ser Dios. Como mucho dijo que “yo y el Padre somos uno”, lo cual no quiere decir que sea Dios o que el resto no seamos también uno con el Padre, sin ser Dios. Cuando rezamos el “Padre Nuestro”, hablamos con Dios, con el Padre. Jesús no lo es. Jesús es un enviado y me temo que no es el único que ha habido. No entiendo cómo no lo asumimos como normal. Alguien que en la agonía de la cruz levanta la mirada al cielo para decir “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” o “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, está claro que no se considera Dios. Y en la cruz uno no está para complejas máximas teológicas sino para buscar la protección de su padre mientras llora sangre y se despide de todo, dentro del absoluto dolor físico y del miedo más atroz. Jesús dice ser la puerta a Dios. El camino al Padre. Jesús, así, es figura clave para llegar a Dios, pero no es Dios.

Jesús no era cristiano, y mucho menos católico. Jesús era un rabino judío. No entiendo muy bien cómo podemos ser seguidores de una religión que nadie fundó ni quiso fundar. Nuestra herencia es judía y me parece el colmo del absurdo que sigamos a un rabino judío sin ser judíos como Él, e incluso despreciando a los judíos en base a un supuesto homicidio de los Sumos Sacerdotes. Los historiadores están ya más o menos de acuerdo en que no fueron los judíos sino los romanos quienes se cargaron al Maestro, pero esta magistral vuelta de tuerca de Paulo de Tarso fue la vía para exculpar a Roma y, así, conseguir la difusión del cristianismo por todo el Imperio, vía Constantino, el serbio. La globalización empezó entonces.

No comprendo tampoco que se adore a la Virgen María al mismo nivel que a Jesús o que a Dios. Tanto monta, monta tanto, parece ser. María es la madre de Jesús, es una figura clave y debería ser honrada, pero no es Dios, por lo que no debería ser adorada. La mariolatría, como a los Coliridianos, me parece herética. La virginidad, directamente una chorrada prescindible, aunque me la creo. Una inseminación permite a cualquier mujer ser madre siendo virgen. Pero repito que me da igual su virginidad, me interesa más el tema de la paternidad de Jesús, que es el verdadero misterio que encierra su virginidad. Ya sabemos que cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo.

Jesús no funda una Iglesia. Ni una jerarquía. Es más, si algo sabemos es que entrar al templo de Jerusalén con un látigo a expulsar a los mercaderes y arruinar el negocio de los jerarcas de la época no parece de una persona muy obediente o sumisa al poder religioso. De nuevo queda claro, por cierto, que no es Dios, porque su indignación no es la resultante de ensuciar su casa sino la casa de su Padre, que por cierto es una sinagoga, no una iglesia católica. Pero no volveré a eso. Lo que quiero decir es que no me cabe duda de que un rabino que entra en la víspera de Pascua al templo de Jerusalén en una actitud abiertamente violenta, podría sin duda ser imaginado el jueves santo sacando a golpes a la Curia del Vaticano.

Es falso que Jesús esté con los pobres. Jesús está con los pobres y con los ricos. Es José de Arimatea quien sufraga su campaña, quien le paga el sepulcro y es uno de sus más destacados discípulos. Pero desde luego, su mala relación con el poder judío y romano no implica necesariamente una mala relación con los ricos. La parábola de los talentos es esclarecedora (Al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado). Así que tampoco cuela. Una cosa es que los ricos habitualmente tengan actitudes alejadas de Dios y otra es que los pobres no las tengan igual o peor. La comparación que hace de los ricos es con camellos, no con pobres.

Jesús no habla jamás de la confesión a través de un sacerdote. Jesús habla de arrepentirse y de pedir perdón a Dios, no al párroco de tu pueblo. Quizá sea otra imposición de la tradición en busca del poder y el control de las vidas de los demás. Jesús defiende la libertad. La Iglesia, no siempre.

Soy profundamente creyente y respetuoso con las Iglesias cristianas (católica, ortodoxa, anglicana, confesiones protestantes, con nuestros hermanos coptos, etc.), con los judíos, con los hindúes, con los budistas, con gnósticos y con el sincretismo. Evidentemente soy católico, por bautismo y confirmación. Mi manera de relacionarme con la trascendencia es a través de la iconografía y rituales de mi tradición, que es católica. Pero no puedo sentir, por más que quiera, una identificación con la Iglesia. No hablo de esta, sino de todas. Y no hablo de la cúpula, que tampoco. Hablo del concepto, del absurdo de la Iglesia, del origen, de la causa. De su necesidad. En una adaptación libérrima del Perich, creo que la Iglesia da solución a problemas que no existirían si no existiera la Iglesia, aunque admiro su labor, admiro a Cáritas, marco la equis, la tengo más simpatía que antipatía y creo que hace mucho más bien que mal, en general. Desde luego, por cierto, no marco la equis de fines sociales mientras den un solo euro a organizaciones feministas contra la custodia compartida. Lo siento por el resto.

Iré a ver las procesiones que me apetezca, entraré en los templos que quiera. Rezaré a mi manera, pero rezaré y me comunicaré con Dios, con Jesús, con el Bien, con el Logos, con el Amor, con la Perfección, con lo Eterno, con lo Trascendente, con lo Desconocido, con lo Inmortal, con mis antepasados, con el tiempo, con la física cuántica, con la Verdad, conmigo mismo, con mi creador, con mi Padre con el Universo porque todo es lo mismo, todo es parte de la Verdad, y la verdad no se pone en duda. Lo que se pone en duda es nuestra manera de llegar a ella, cada uno con sus herramientas, con sus capacidades, con los dones que le han sido dados y el mayor de ellos es el de la fé.

No se puede ser intolerante con quien no piensa como tú, pero a cambio que tampoco lo sean conmigo. Supongo que de esta me excomulgarán. En otros tiempos, desde luego no tengo duda de que habría ardido en la hoguera junto a otros gnósticos pecadores de la pradera. Faltaría más. Pero este tiempo no es mejor: aguantamos las miradas de desprecio de ateos que no entienden absolutamente nada, de meapilas ultras que entienden mas de autobuses que de amor y si ambos extremos no nos queman es porque no pueden. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Y de paso perdóname a mi por si lo que he expuesto aquí es una sarta de chorradas. Son fruto de mi propia ignorancia e incomprensión hacia tu infinita sabiduría.

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