Ser tú no es parecerte a ti

Voy a ser claro por una vez y sin que sirva de precedente. No te pasa absolutamente nada, simplemente estás ubicándote de nuevo, en el epicentro de una época de cambios. No tengas prisa, si te cuentan hace unos meses cómo ibas a estar ahora, habrías firmado donde hubiera sido necesario. Pues sigue así; da tiempo al tiempo, ya verás como estás cuando termine la primavera. No merece la pena que sigas buscando quién eres. Eres malo y bueno, valiente y cobarde, mentiroso y honesto, fiel e infiel, obsesivo y descentrado, despistado y organizado, profundo y frívolo, perdedor y ganador, tu autoestima está por los suelos y por las nubes, como la de todo el mundo que merece la pena. Eres, de hecho, todo eso a la vez, solo depende de cuándo, por qué, con quién y para qué; esto es así, todos los somos, no eres especial ni diferente. Eres tú en ti. Pero hasta eso da igual, eso es lo de menos. Ser tú no es parecerte a ti. Ni mucho menos a la imagen que tú te has formado de ti. Ser tú es ser tú. El epíteto lo mancha todo. Vuelve al pronombre. No trates de definir quien eres como haría un escritor con su personaje, para después actuar conforme al personaje que tú has creado porque entraríamos en otro bucle: cumplir el deseo del otro, siendo el otro en este caso tú mismo, y el personaje tu ideal de ti mismo, o viceversa. No olvides que eres el personaje y el creador del personaje a la vez. Eres lo que te de la gana ser, has sido lo que te ha dado la gana ser y serás lo que te de la gana ser y punto. Es tu libertad y son las consecuencias de tu libertad. Sabes que eres libre para actuar pero no eres libre para decidir las consecuencias de tu libertad. Esto ya no depende de ti. Si te sirve de algo, los personajes cobran vida propia y deciden lo que quieren hacer. Ni si quiera un personaje creado en mi mente responde a lo que mi mente quiere: es un ser vivo. Y te juro que asusta ver que algo que tú has creado no responde a tus riendas como una marioneta sino que actúa como debe actuar. Como quiere actuar. Así que imagínate tú contigo mismo. Master of selfie-puppets. No eres el delirio de tu mente acerca de ti mismo. Simplemente eres, mientras todo transcurre. Eres mientras tanto. Mientras -a pesar de todo-, tanto todo. Para nada. No puedes intentar ser porque ya eres. Eres mientras piensas ser y mientras sueñas con lo que quieres llegar a ser. Eres mientras recuerdas quien eras y quien querías ser. Eres, amigo. Eres. Pero hasta en eso te equivocas. Realmente sí eres quien quieres ser, eres el resultante de una resta entre tu ideal y tu percepción. Eres lo que queda, lo más puro, como todos. Pero te voy a decir una cosa, entorno a la pureza: a esta altura inmediata, -infrahumana-, todos los reptiles adheridos a la impureza soñamos con topar con un zapato y ascender lentamente la mirada ante esa solemnidad que todo llene, exactamente desde el mismo suelo que pisas. Crawling, meanwhile. No voy a seguir. Sólo espero que jamás vuelvas a asesinar a mano armada al niño con inquietud que fuiste. Y que cuando tengas ganas de llorar, azotes ese aire impuro que espera la palabra hasta que aprendas lo más importante: a decir tu propio nombre hacia dentro.

Anuncios