Artistas farsantes

nacho

No sé qué es el arte, y no creo que ese debate tan antiguo y tan sobado tenga respuesta ni demasiado interés. No sé qué es y qué no es arte, pero sí que tengo claro que sólo cuando supiéramos qué es arte, podríamos saber qué no es arte y por qué no lo es. No se puede construir sobre un negativo, así que delimitando lo que sí es, podríamos concluir que el resto no lo es. Eso conllevaría saber qué tipo de creación es artística y cual no. Y por último, y como consecuencia, saber quién es y quién no es un artista. Quien lo haya sido, aunque sea una sola vez, lo sigue siendo, porque si sigue viva la creación artística, seguirá su creador siendo artista.

Ese punto es el que me interesa: saber quién es artista y quién no, para poder insultar a los farsantes con propiedad. Cuando un farsante se toma demasiado en serio el arte que no tiene, lleva inequívocamente a la estupidez y a los estúpidos hay que llamarles estúpidos para que sepan que lo son. Es una manera de ayudarles y, colateralmente, de ayudarnos al resto. De protegernos del retruécano, del tirabuzón, de la dulzura, de la afectación y de la actuación gloriosa con la que nos castigan cada tarde. Porque necesitan público, eso es importante. Este tipo de artista es exhibicionista y necesita salir para exhibir su pericia al mundo; ellos creen que les necesitamos, ellos se creen necesarios. Creen también que son peligrosos porque ponen en jaque al poder y esas cosas que dicen los artistas farsantes cuando confunden arte con cultura y artista con intelectual. Sí, son peligrosos, pero no por intelectuales, sino por pesados. Peligroso es un terrorista, no tus chorradas post Jaggermeister, nene. El poder tiene que estar verdaderamente acojonado con las deposiciones con las que nos obsequias cada madrugada, Charles Manson. Helter Skelter. Yeah.

Todo artista es antes de nada un poeta, pero un poeta no es una persona con una sensibilidad especial, ni con una manera lírica, dulce o romántica de ver las cosas. No. Un poeta es el que escribe poesía. El que escribe versos. El que escribe. El resto son otra cosa, en ocasiones pedantes, la mayoría de las veces aburridos, casi siempre pesados, siempre odiosos, pero en cualquier caso, otra cosa que acude a los bares de artista con la manera de vestir de los artistas, el discurso artista, la filosofía pequeña y la búsqueda del público, que suelen ser ellos mismos. Dios los cría, y ellos se atusan, porque el artista, disfrazado de artista es un mamarracho. Y el no-artista cuando interpreta el papel de artista, un neurótico.

España está llena de artistillas, de farsantes, de mediocres y de aficionados soberbios con ínfulas postvanguardistas. En cada provincia, en cada ciudad, una serie de bares recogen a la crema de la intelectualidad cada tarde. Ellos se sienten mejores que el resto, se sienten mejores que las mujeres mayores que hacen paisajes. Ellos se sienten incomprendidos. Y el problema es el contrario: que los comprendemos perfectamente. Qué sorpresa se llevarán cuando vean que no hay una mano invisible que emerge directamente desde el poder interfieriendo en que ellos, los guardianes del arte, no triunfen. Ni tampoco los malvados mercados. No, no es el club Bilderberg en persona el que se encarga de la gran injusticia que el mundo comete contigo. Al club Bilderberg, al poder y sobre todo al público nos da exactamente igual la corriente eco-artística de tu ciudad. La realidad es que no despertáis ningún interés excepto para los dueños de los bares que os dan de beber. Para esos malvados capitalistas que se forran con vuestras depresiones.

Supongo que cuando os hagáis mayores os sentaréis a la mesa de los mayores y tendréis menos soberbia y más humildad. Os acercaréis entonces al arte para aprender y –si decidierais crear arte- lo haríais por aprendizaje, por inquietud, y no para follar. Y así, respetaréis a los artistas de verdad: a aquellos que nunca se llaman artistas porque están demasiado ocupados en crear arte en sus estudios y locales para que tu los critiques. Debería haber un Mihrab en cada uno de vuestros bares para que pudierais orar mirando a la nada que veneráis, a aquello que no conocéis: El Arte.

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