Savoir-être

2013-07-18 17.47.58
Saber estar es tener siempre dos botellas de Barons de Rothschild esperando el momento. Saber estar es tener docenas de camisas blancas limpias y planchadas. Saber estar es pagar la ronda mientras el resto hace divisiones mentales de números primos. Saber estar también es saber no estar. Saber estar casi siempre es saber callar. Saber estar otras veces es no callarse y dar un zarpazo verbal desproporcionado que sirva para ahuyentar a estúpidos y a estúpidas durante una temporada, a ver si nos dejan tranquilos, que bastante tenemos con soportar el verano como para tener que soportarlos a ellos. Saber estar es que tu abogado y tu psicoanalista te respondan por whatsapp. Saber estar es estar suscrito a Matador.

Saber estar es triunfar en secreto. Saber estar es que nadie sepa dónde estás. Saber estar, desde hace no mucho, también es beber Jerez. Me lo dijo Terrés. Saber estar es amar Cádiz y veranear en Guipúzcoa esquina con Biarritz. Saber estar es desaparecer de vez en cuando y volver cuando te den por muerto. Saber estar es saber hacer. Saber estar es ir a la playa a primera hora y volver cuando aún no sean ni las doce. Saber estar es pasar la nochevieja en la cama de muy mala hostia. Saber estar es madrugar cada día, sobre todo los festivos. Saber estar es salir recién duchado a desayunar fuera. Saber estar es no llevar perfume, odiar los piercings y desconfiar de los tatuajes que no sean del talego. Saber estar es ser predecible, rutinario, monótono y aburrido. Que se vayan a un puto parque de atracciones a disfrutar de la vida de mierda esa que quieren en toda su intensidad, que yo no soy Miliki ni Chiquito de la Calzada. Fistro. Pecador. No puedor.

Saber estar es tener un orejero, a falta de Chester. Saber estar es leer mucha prensa. Saber estar es despreciar los espacios comunes, las tertulias, los debates y apagar la radio cuando sale Julia Otero. Saber estar es no ir a un resort, saber estar es pedir muchos taxis y saber estar es vivir en un otoño eterno, con ropa de otoño y costumbres de otoño. Lo más al sur, el paralelo 40. Saber estar es no hacer la puta escenita en cada despedida. Saber estar es también no disfrazarse. Saber estar es más un “puedo y no quiero” que un “quiero y no puedo”. Saber estar es sobre todo odiar a Pablo Motos.

Saber estar es la puntualidad británica para llegar y sobre todo para irse. Saber estar es comerte todas y cada una de las alcachofas que te ha puesto tu anfitrión aunque después tengas que ir directo al hospital. Saber estar es ser agradecido, educado, correcto, serio. Saber estar es ser fiable. Saber estar es no llorar, joder. Saber estar es no presumir. Saber estar es tener VISA Oro y usarla. Saber estar es venir fracasado de casa, que no estamos ya para fracasitos de nueva generación sino para ser felices. Saber estar es dejarse engañar con la pasta. Saber estar es saber irte cuando te salga de las pelotas, cuando la fiesta esté llena y las copas aún rebosantes. A la francesa. Sans adieu. Como los grandes. Saber estar es no arrastrase. Y menos por una mujer. Y menos por una mujer que no sea tu madre o tu hija. Saber estar es saber mentir (siempre están más delgadas y muy morenas) y saber estar es hacerlo tan sumamente bien que todos crean que no eres español. Saber estar es, en definitiva, lograr que los imbéciles te odien.

No creas que es sencillo, porque saber estar es saber ser. Y eso, hoy en día, es todo un reto prebélico.

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