chico

– ¿En qué piensas? -me preguntas con tu habitual curiosidad de mentalista.

(Que no te aguanto porque me pareces un coñazo, una neurótica y tu arrogancia no descansa en motivos que la sustenten. Que no te aguanto porque no estás en búsqueda, ni la vida te parece –como a mí- una aventura, una novela que va ya por el segundo capítulo. Que no te aguanto porque estoy hasta los huevos de Camden y de Portobello, porque me esperas fuera de la Tate y porque me haces ir de compras sin parar. Que no te aguanto porque siempre tienes frío, porque casi siempre tienes que ir al baño y porque te comes mi postre. Que no te aguanto porque –aunque finges hacerlo- sé que nunca lees lo que escribo.

Que no te aguanto porque cuando me preguntas si te quedas o si te vas, quiero que te vayas pero tú siempre te quedas. Que no te aguanto porque no te gusta el vino, porque no respetas la soledad que necesito para escribir la puta novela y porque así no hay quien avance. Que no te aguanto porque haces muchos planes super especiales y me incluyes en ellos sin avisar. Que no te aguanto porque hablas muchísimo, por el hummus del mercadona y porque me caen mal las idiotas que tienes por amigas. Y aún peor sus novios con expectativas de consultores junior. Que no te aguanto porque me robas billetes de la cartera y me entero cuando voy a pagar la fruta. Que no te aguanto porque no me entiendes. Que no te aguanto porque creo que en el fondo no te importo. Que no te aguanto porque cuando estas con mis amigos, preferiría que no hubieras venido. Que no te aguanto porque estás frustrada siempre y me echas a mi las culpas y porque lloras de modo aleatorio. Aún no he pillado el patrón.

Que no te aguanto porque bailas raro y porque cuando me miras muy de cerca, en plan sexy, me cuesta enfocar, bizqueo y me mareo. Que no te aguanto porque no conoces a Nick Cave, por tu obsesión, porque andas muy rápido, porque cuando me paro en los escaparates de libros te veo reflejada poniendo caras de interesante, porque haces la cuenta mientras pido en el restaurante, porque bailas bajo la lluvia y por el olor a flash de mojito de las terrazas que te gustan.

– En nada, en nada, de verdad. Bobadas.