Caballitos de Troya

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Unos metros más allá, en otra cueva, nació San Pedro Regalado, otro artista a su manera, o si no pruebe Vd. a bilocarse. El último lunes que lo intenté no conseguí más que caerme de la cama por el ímpetu con el que –puños apretados, ojos cerrados- lo intentaba. Finalmente tuve que ir a trabajar. Otro día,sin embargo, lo conseguí sin querer, como Miguel Rellán en AQNEP. Siempre escuché a mi padre decir que esa casa en la que nació el santo, el número 2 de Platerías, fue una antigua sinagoga, aunque puede ser que simplemente la familia tuviera origen judío y mi padre se liara. Mi padre, como todo escritor que se precie, suele inventarse lo que le parece oportuno si con ello consigue que la historia parezca menos falsa. La realidad, fuera de la caverna, no es tan interesante y hay que recurrir a mentiras para exponer la verdad última. La verdad es una promesa; la mentira, su herramienta de captación. Y el arte es el caballo de Troya en el que verdad y mentira han venido a quedarse.

Una calle renancentista allá donde apenas hubo renacimiento. Es curioso porque tampoco tuvimos ilustración, somos más de cadenas, antes del analfabeto rey felón, ahora del analfabeto bolivariano. Ni ciencia ni arte. Ni el mito de la ciencia ni el mito del arte. Solo el mito del progreso y el de la caverna. En España solemos ganar las guerras que tenemos que perder y perder las que tenemos que ganar. ¡Oh, mondo cane!

Como contraprestación, ahora que el arte por fin ha fracasado, ahora que cada artista busca los límites del arte todos los martes y jueves para cagarse en ellos los viernes y sábados, tampoco lo notamos demasiado. Si no sabemos lo que es el arte, es imposible innovarlo. Si innovamos lo que no sabemos que es, no innovamos. El arte es innovación. I+D+i. El declive de lo nuevo. La radicalidad como estándar. Si queréis innovar, id a misa. Si queréis contraste, escena, creatividad, infinito, complejidad, afrenta, provocación y tocar los cojones, probad con un bautismo colectivo. Pero no, en la caverna, están a sus cosas. A administrar y controlar, a burocratizar. Hay más artistas hoy en esta calle que en la Florencia de Miguel Ángel. La herencia de la cultura contemporánea es un artista que ha perdido su sombra. Como no importa, como nadie le mira sus monerías, como no hay tradición ni vanguardia que se la contraponga, debe inventar su propio destino. Si no se puede servir a la sociedad ni tampoco tocarla los cojones, buscaremos dentro de nosotros mismos y nos joderemos vivos. Pintamos para nosotros mismos. Somos libres. Miguel Ángel era un facha vendido al capitalismo de los Medici y la iglesia católica.

Si todos son artistas, no hay bien escaso. Si sólo lo son unos pocos, son élite -por definición, escasa-, ergo no hay mercado. Y si es escasa, hay demasiado artista para tan pocos euros. O invertimos la pirámide del arte o invertimos la pirámide del mercado. O si no, damos un golpe de estado y a tomar todo por el santo culo.

(Publicado originalmente en cottagekilns)

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