Agujeros

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Se trata de escribir una frase que sea verdad. Mírala bien y asegúrate de que es cierta. De que todo lo que contiene es verdad y de que sólo contiene verdad. Tan difícil como eso. La mayoría de los días no lo consigo. Otros días consigo a duras penas juntar algunas palabras ciertas, que son verdad, pero al final del día las borro porque ya no lo son. Solamente lo fueron.

Cuando lo consigas, inténtalo con otra. Después con otra. Y después con otra. Si no es verdad, es mejor que no lo escribas, así no nos engañas y sobre todo no te engañas a ti mismo juntando frases falsas que llenen quinientas páginas cuando todo podría resumirse en una frase, sólo una, pero verdadera. No se trata de impresionar a mozas, más bien de resultarlas insoportable. No se escribe para follar. Se escribe como terapia, se escribe por la neurosis y para la neurosis, aunque ayer en el tren pensaba que sólo es neurosis en el caso de que Dios no exista. Si Dios existe ya no es neurosis, pero ese es otro tema.

Un escritor -al menos un escritor que me interese- no está para divertir, como no lo está un torero. Cuando salgo a la plaza lo último que quiero es divertirte, hacerte pasar un buen rato. No eres tan importante ni yo tan vulgar. Cuando piso al albero y me juego la vida no pienso en ti. No soy tu esclavo ni tu bufón. No soy como esos actores o folclóricas que dicen que se deben al público. Yo me debo al estilo. La trama es algo menor. Los escritores no necesitamos comer.

No creo que sea capaz de escribir nunca ninguna novela, y la verdad es que no me da ninguna pena. No creo en el argumento, no creo en la diversión como objetivo. Otra cosa es que te diviertas, pero no se puede escribir para ello. Y si algún día caigo tan bajo, escribiré una novela sin trama, un soliloquio de estilo. Espero algún día poder llegar a escribir un poema. Y al final de mis días, ni si quiera eso, espero no tener nada que decir. La paz está en la quietud. La escritura es el camino hacia la nada, me gusta pensar que según escribo soy capaz de olvidar esas palabras para siempre.  Cada vez quedan menos palabras. Cada vez menos. Hasta el silencio.

Todo artista es antes de nada un poeta. Primero está el pensamiento poético, la luz lírica, que es la causa. Y luego está el efecto, la obra, que es solo la sombra en la caverna. Entre la luz y la sombra, entre la poesía y la obra, el artista opaco (aunque el artista está lleno de rendijas y precisamente por ahí es por donde entra la luz). Solo hay dos temas: el amor y la muerte. La física –el mito de la ciencia- nos ha enseñando que todo está lleno de agujeros. También la muerte está llena de agujeros.

(Publicado originalmente en cottagekilns)

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