No te rindas

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Aunque tengas que celebrar en soledad el éxtasis de una buena idea, de la melodía perfecta, del trazo imperceptible. Aunque tengas que saborear tú solo la emoción incalculable de una frase brillante, el orgullo de haberlo conseguido. Tú no te rindas.

Aunque se crucen de acera cuando te vean por las calles sonriendo a tus propios pensamientos. Da igual. Solo tú eres conocedor de quien eres. No te rindas.

No te rindas si los cretinos te miran con esa cara de piedad, con la condescendencia con la que se mira a un loco sordomudo, como si escribir fuera un pasatiempo, como si crear algo de la nada fuera una posibilidad entre otras muchas, como si la soledad no fuera el precio a pagar. No te rindas. No entienden nada, no conocen el sabor agridulce de la derrota, no han tenido el placer indescriptible de sentir, no han sostenido el triunfo entre las manos, no han quemado jamás las naves con antorchas llenas de palabras.

No te rindas cuando lo llamen hobby. No te rindas si te desprecian, no te rindas si te minusvaloran, si nadie excepto tú te tomara en serio. No te rindas si te critican despiadadamente. Crear es dar la cara, esto no es un juego -vivir no lo es- y no va a salirte gratis. Esto duele. Y si estás pensando en dejarlo, te adelanto que no hay alternativa.

No te rindas si las mujeres prefieren a otro tipo de hombre. No te rindas si tus amigos prefieren a otro tipo de amigo o si tu padre hubiera preferido a otro tipo de hijo. Tú no te rindas. No te rindas jamás. Tu voz es necesaria, tu tono es único, el mundo necesita de tu melodía, si no somos animales es gracias a creadores como tú, aunque nadie comprenda tu obra, aunque nadie comprenda tus silencios. Tú no te rindas.

Defiende tu carácter, enrócate en tu universo, hazte incómodo si fuera necesario, pero no te rindas, no te conviertas en agradable solo para que tu voz no les moleste. Grítales al oído que tu obra es tu destino. Que sólo cuando estás creando eres tu ideal de ti mismo, como nuestro buen Quijote. Ellos no saben quien eres y quizá solo tú lo sepas. Puede que pierdas la cabeza por el camino. Tú no te rindas.

No te rindas si el espejo te devuelve dudas, locura o confusión; es el precio a pagar por no querer engañarte a ti mismo. Ellos no conocen la sensación de vivir de sueños, no han entendido que el universo entero es tu público, y el silencio, su aplauso. No te rindas si un día no escucharas la llamada queriendo hacerse presente a través de tus manos, de tus dedos, de tu lengua. Es solo una prueba hasta que demuestres que no te vas a rendir jamás. Las musas nos bendecirán de nuevo con sus favores. Pero no te rindas.

Eres escritor, eres músico, eres pintor: ya has triunfado. Solo por serlo, ya has vencido al tiempo. Si esos necios fueran capaces de entenderlo, si pudieran sentirse ganadores sin necesidad de crear una lucha… Si supieran que no necesitamos su aplauso ni tampoco su silbido… Si supieran que no puedes evitarlo, sabrían que crear es tu vida y que tu vida es tu obra. Si supieran lo que es la pasión, sabrían lo devastador que puede ser traicionarla. No te rindas.

Puedes perderlo todo, pero aún así jamás perderás a aquel que te ha dado esos dones. Se lo debes. Aunque los demás te hagan sentir ridículo, aunque te humillen, aunque seas pasto de la risa y te apunten con el dedo. No te rindas.

Aunque te sientas terriblemente solo, recuerda que no lo estás. A pesar del rechazo: no te rindas. Todos los creadores estamos en el mismo lado: en tu lado. A tu lado. Nos estamos jugando el alma intentando cumplir nuestra parte del trato con esa voz que nos necesita para poder existir. No estamos para divertir, no estamos para entretener. Acepta que esto no tiene sentido, que esto no es natural, que esto no tiene final como tampoco tuvo principio. Que esto no se elige. Te elige a ti.

No te rindas. Te espera la mejor sensación, aquella reservada solo a los elegidos. Es incomparable a todas las demás. No hay dinero para comprarla. Vas a vivir enganchado a ella, como a una droga, como a una mala mujer, porque nace siempre que tú eres tú. Siempre que la magia nace en ti. Nace con el rechazo, nace como un disparo, con cada hoguera. Y pase lo que pase, te espera la satisfacción de haberlo conseguido, de haberlo logrado a pesar de todo y a pesar de todos. A pesar, incluso de ti mismo.

Puedes huir, puedes esconderte, travestirte, fingir, hacerte pasar por otro. Puedes intentarlo, pero no va a funcionar. Puedes correr hasta desfallecer, puedes darte un tiempo, beberte un río o dormir una semana. Puedes intentarlo todo. Puedes incluso matar o morir.

Pero por favor: no te rindas.

Jamás.

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