Contra la eutanasia

tunel

Entiendo perfectamente que los padres de la niña Andrea quisieran evitarla el dolor. También entendería si el padre de Marta del Castillo arrancara un día los cuatro miembros a Carcaño y dejara su cuerpo aún vivo a una manada de lobos que terminaran el trabajo. Lo comprendo, pero no basta con comprender. Gracias a Dios no permitimos a los demás hacer cosas con las que nos identificamos solo por el hecho de identificarnos. No lo permitimos, pero además el motivo por el que no lo permitirmos no es por ser unos rancios neardenthales sino por lo contrario, por sutileza, por inteligencia y por sensibilidad frente a la oscura barbarie y salvajismo neardenthal de la venganza privada; para no apedrear a Bretón, a Bolinaga o al asesino de más actualidad y garantizar su integridad física y que se le juzga con todas las garantías.

Por ejemplo, las víctimas del terrorismo tienen nuestro cariño y nuestra consideración, pero no tienen más razón por el hecho de ser víctimas ni su opinión es más importante que la mía por no serlo. Muchos de ellos quieren venganza, y es entendible, pero el estado de derecho está –entre otras cosas- precisamente para evitar la venganza privada y sustituirla por un sistema de leyes que impartan justicia. Por eso, BILDU/Amaiur/SORTU es legal y en mi opinión- está bien que así sea. Han cambiado la pistola por la palabra, por una palabra fea, chusca y de mal aliento, pero palabra al fin y al cabo. La palabra ETA no mata. Ese paso -defender sus posturas sin armas- es algo que llevábamos una vida esperando. Aunque nos joda verles ahí, esto es la democracia, lo contrario es la venganza, el medievalismo, el islamismo, el fanatismo.

Por el mismo motivo exactamente, los padres no deben poder elegir cuándo desenchufar a su hija, porque esa vida no les pertenece a ellos. Todos entendemos su decisión, pero entender –de nuevo- no es suficiente y ni si quiera es mejor que no entender. Lo contrario a esto implicaría que las leyes se hicieran por identificación y para un caso concreto –el llamado derecho penal de autor- o algo aún peor: que los jueces quisieran impartir justicia, JUSTICIA, dicho así con toda la bocaza abierta. JUS-TI-CIA. La justicia es una palabra muy grande para un juez; mucho mejor que se limiten a aplicar la ley y lo único que administren sean sus fincas o medicamentos vía oral.

No se puede legislar o dirigir a golpe de titular, de actualidad o según el nivel de afectación popular. Hay miles de padres que hoy están al lado de sus hijos en hospitales y no les desenchufan. Y no son peores padres. No diré que son mejores, pero al menos pongamos ambas opiniones al mismo nivel, como en la película de La Misión cuando un jesuita muere sin defenderse por no querer matar a un hermano y el otro muere pero con un fusil en la mano defendiendo a su gente. Ambas son entendibles, pero siempre sobre la base de que matar – a grandes rasgos- está mal. Creerse Dios –o la Ciencia, para los no creyentes- para decidir cuándo ha terminado una vida y el oxígeno debe cesar de llegar al cerebro es en mi opinión no haber entendido nada de nada. Matar esta mal, pero no solo es que esté mal sino que es ilegal. Matar es ilegal. Negar el auxilio es ilegal. Negar el auxilio a un familiar es además un agravante. Dejar morir pudiendo no hacerlo es –para mi- una forma de matar que entenderemos mejor o peor. Espero no tener que tomar jamás esa decisión.

Por otra parte no creo en la decisión de los médicos; no cabe la objeción de conciencia ni tampoco su contrario, el activismo por conciencia. Un funcionario cumple la ley o se va. ¿Quién cojones es un funcionario para ponerse por encima de las leyes del estado que le paga, para ponerse por encima del pueblo? Si quieres objetar, te vas a la sanidad privada, y si quieres activismo, pues a la política. En la pública tu jefe es la ley y la cumples, del mismo modo que un alcalde que se niega a casar a gays debe ser cesado fulminantemente por dejación de funciones y por desacato. En España el matrimonio gay es legal y en España no hay eutanasia. Es un modo de proteger al indefenso de los motivos de sus familiares, de curas, de abogados, de imanes, de médicos, de sectas, de asesores o de lo que sea. El Estado está obligado a mantenerte con vida mientras estés bajo su custodia. Imaginen la cantidad de abuelos desenchufados por familiares que –para cobrar la herencia- definirían el momento exacto de la muerte que más les interesara -premoriencia y conmoriencia mediante-. Además: ¿cómo se decide esto? ¿Por mayoría simple? ¿Dos tercios de los herederos? Y peor aún: ¿por qué lo llaman muerte digna? ¿Será para hacernos pensar que su contrario es la muerte indigna en vez de la vida? ¿Hasta donde puede llegar el pensamiento mágico postmoderno? ¿Querrán prohibir la muerte, el dolor, el sufrimiento, el abandono, el desamparo y la enfermedad para prometernos un mundo donde muramos poco y bien? ¿Se extinguirán las elegías por desuso? ¿Nos querrán ofrecer esa otra orilla, esas verdes praderas con amapolas rojas donde descansar llenos de dicha y de morfina? Cosas veredes.

NOTA: Este texto aprovecha un tema actual para hacer una reflexión, pero el caso de la niña que cito no es de eutanasia. La eutanasia es una decisión propia en la que no creo, pero creo aun menos en la decisión de otro acerca de tu vida, sea el padre, el hijo o el espíritu santo. Yo tengo dudas como todo el mundo las tiene, pero en caso de dudas siempre conviene ponerse del lado de los derecho humanos (la vida, que no siempre es fácil). Por otra parte, en caso de dudas conviene también ver cual es la postura de los Bardem para adoptar la contraria.

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