Brexit

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Si alguien ha escrito sobre Londres, ese soy yo. Si alguien ha escrito soñando Londres y recorrido sus calles con pluma y papel, ese he sido yo. Hoy estoy profundamente triste y decepcionado. No es que el Reino Unido se vaya, no, ese es su problema. El problema es que nos cierran las puertas. El plan b se va a la mierda, han puesto un tabique de hormigón en cada sueño. Podremos ir como turistas, eso sí, pero sabiendo que somos inofensivos, que nunca podremos cambiar de planes, mandarlo todo a la mierda y quedarnos para siempre con Helen, con Martha, con Henry, que no hay posibilidad de rectificar y echar raíces. Se mira, pero no se toca. Una visa es un arma sin cargar. Un arma sin cargar es solo un juego de niños.

La primera vez que estuve en Londres fue en 2000. A los pocos días, conocí a una holandesa en una fiesta en King’s Cross. Le pregunté qué hacía en Londres, y me respondió con gesto serio que nunca preguntara eso, que todo el mundo en Londres huye de algo y que es de muy mal gusto preguntar por ello. Así es. Londres es la huida en soledad, pero la soledad siempre se da en paralelo y hay rotos para descosidos. Los huidos somos una nación sin patria con capital en Londres. Allí, un huido reconoce a otro solo con mirarlo.

¿A dónde huimos ahora? ¿Cuál es el último reducto de nuestra libertad, si hemos perdido Londres? Londres no solo es Londres; Londres siempre había sido la huida, el lugar donde te iban a acoger cuando todo fallara, la patria del derrotado, el destino para el desamor, el sueño de un nuevo resurgir, el nido para Ave Fénix, la zona cero de cada exilio autoimpuesto.

Ya no hay Londres en el que defenderse, ni Londres para volver a empezar. Es el peor día desde que alzaron el muro de Berlín. Este muro que hoy comienza a construir Gran Bretaña, es mucho peor, porque es solo mental y no solo los aísla a ellos; nos aisla a miles de islas con corazón británico que flotamos en tierra firme. Hay que volver a soñar y es necesario tirar ese muro. Podríamos empezar hoy. Please, mind the gap.

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