Morir sin dar la nota

aute

La poesía social -temática comprometida, rojilla, sesentayochesca- es un recurso que aparece cuando a los poetas sudamericanos se les acaba el talento o a los españoles se les acaba el dinero. Aute tiene talento y dinero, por eso supongo que prefiere cantar al alba que a las barricadas, valga la redundancia, evitando tornar la belleza naranja de la mañana en el gris del atardecer en la taberna del sindicato. Uno, que no es de izquierdas, sabe de lo que habla porque tiene gustos progres y conflictos interiores. Ya se sabe que la gente de derechas está en misa, matando toros o apedreando a gays, no escuchando a Aute en el Berlín con una camiseta de Joy Division.

La realidad es que en el sindicato no suena Aute y en mi casa sí, por eso sé de lo que hablo, hoy que tengo la piel del corazón de gallina sabiendo que su luz se apaga, hoy que el infarto se ahoga en el coma, esta mañana en la que empieza a haber algo de Antonio Vega en Aute, este otoño en el que la belleza no es evidente, que el mármol es de Carrara, que la arquitectura es Herreriana… Aute es una tristeza sin intensidad, sin tonos menores, sin volumen, sin barroquismo ni estridencias. La pena española es una flamencada, un llanto, un quejío a la vida. La pena de Aute es lo contrario: saber lo que es la vida y hacer todo lo posible para olvidarlo y seguir sonriendo. Pintar auterretratos robot, cantar sin dar el cante, morir sin dar la nota.

Cuando una mujer te abandona, no te abandona una vez, te abandona cada día que no vuelve y se reitera en el abandono, como unos puntos suspensivos que se alejan en una noche que no llega. Hay algo de masoquismo en la elegancia. Aute está malito, Manila está de luto, llora Fuente del Berro. Se acercan –mujer- tiempos de maleza, esto no va a ser fácil y a mí se me va a romper el alma, porque cuando Aute se vaya vamos a quedarnos mirando esa línea de comas suspensivos de modo eterno, nos va a abandonar cada día que no vuelva, lo desconocido tiene gesto de amante abandonado, esta noche va en serio. Hay algo de sadismo en la espera, “de alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es fácil, ya sabes. Me faltan las fuerzas. Ha sido muy tarde. Y nada más. Apenas nada más”.

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