Bárbaros

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No conocí a Bimba Bosé ni tampoco a su música. Sabía quién era, pero poco más. Tampoco sabía que estuviera enferma. Sé que era nieta del enorme torero Luis Miguel Dominguín, lo cual es ya de por si suficiente motivo para respetarla.

O para odiarla, si tienes pocas luces.

También sé que era sobrina de Miguel Bosé, lo cual es ya de por si suficiente motivo para respetarla.

O para odiarla, si tienes pocas luces.

Al precio que está la luz, entiendo que sea un bien cada vez más escaso.

Miguel Bosé se despedía en twitter con un desgarrador “Buen viaje Bimba, mi cómplice, mi compañera, mi amor, mi hija querida. Guíame” que a mí se me saltaban las lágrimas. Luego llegó Antonio Burgos, ese bárbaro del sur que escribe en ABC, para responder a Bosé que “Buen viaje ¿dónde? Vaya con el laicismo de la moda del “dónde quiera que esté”.

Se me quitó la pena al instante, he de reconocerlo, y se transmutó en desprecio. Desprecio ante una persona que hasta en el momento de la muerte de otra, hasta en ese mismo instante, demuestra tan poca clase, educación y bondad en el corazón como demostró Burgos, no sé si intentando dar lecciones de algo o pretendiendo una reflexión, por otra parte de parvulario.

Es difícil contenerse y explicar a Burgos que quizá no es el mejor momento para decir según qué cosas. Que hay una persona muerta. Una persona de cuarenta años con madre, hija, hermanos, tíos y sobrinos cuyo dolor debe ser desgarrador, paralizante, terriblemente duro. Las personas de bien, ante esto, rezan si tienen fe y si no la tienen se callan y se unen al dolor de la familia. En Castilla, en silencio.

Antonio Burgos demuestra no ser ni lo uno –persona de bien- ni castellano –un bárbaro del norte como acostumbra a llamarnos-, y por eso no debe conocer ni el valor de la piedad ni el del silencio, y antes de callar prefiere abrir la boca para lanzar un balbuceo que huele a aliento podrido.

Pero no solo es que no sea el mejor momento para según qué cosas. Es que no hay nada de malo en lo que dice Miguel Bosé. Hay una enorme ternura, una declaración de amor universal, holística, una petición de socorro. Una oración, Antonio. Mira, yo no no soy de izquierdas y además soy creyente y desde mi lugar en el mundo comparto ese “donde quiera que esté” que Miguel Bosé no dice, porque ni Miguel ni tú ni yo ni nadie lo sabemos. Es un misterio, la muerte es un enigma, un terrible signo de interrogación gélido que desde la niñez nos congela por dentro.

Los que tenemos fe creemos que ese enigma es el paraíso, el cielo, el universo, el logos, Dios, la eternidad, el amor… Creemos que no se puede desaparecer sin más como se apaga un interruptor, -el de tu luz parpadeante-, que la energía ni se crea ni se destruye, que el alma está por encima de lo físico y demás argumentos inválidos tanto para un ateo como para un meapilas dogmático que cuando llegue al cielo –mucho tienen que cambiar las cosas- no lo reconocerá si no ve allí esperando a Paco Rabal disfrazado de San Pedro y una señal blanca con letras negras que anuncie EL SIELO.

Voy más allá. Si Miguel Bosé hubiera dicho algo erróneo, equivocado o con lo que no estés de acuerdo, lo mejor que puedes hacer es callarte y no tenérselo en cuenta. Es un hombre deshecho y hay que tender la mano y el corazón a quien se encuentra así. Creo que para ser compasivo no hace falta ser católico; solo hace falta haber sufrido. La chulería y la arrogancia de Burgos con su tuit implica que o no ha sufrido o no se ha enterado de nada. El tuit de Bosé implica belleza, personalidad, fragilidad, amor, dolor y arte.

No conozco a Antonio Burgos, pero al contrario que con Bimba, sí que conozco algo de su obra, por otra parte digna de mi respeto, de mi admiración e incluso de mi plagio ocasional. Pero sé que el día que fallezca sufrirá la ira y el odio de media España, de la media España que odia a la otra, de su media España, de esa media España que debe odiar a la derecha por narices, hermana gemela de la media España que debe odiar a Bosé por llevar faldas, por ser de izquierdas o por no lanzar saetas a la virgen de su pueblo cuando muere Bimba.

Pero me temo que España ya no se divide en derecha e izquierda sino en buenos y malos, en sanos y tarados, en decentes e indecentes, en psicópatas y serenos. Se sabe de qué bando es cada uno, entre otras cosas, por su manera de reaccionar de modo espontáneo ante una muerte. Me temo que Antonio ha dejado claro cual es el suyo. Para su dolor, se apellida Burgos, no Sevilla. Ya le gustaría a él poder estar a la altura de su apellido. Y de su fé.

Photo: Volkan Olmen

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