De burócratas y tarados

ALFONSO-X-EL-SABIO-1

(Este artículo fue publicado originalmente en El Norte de Castilla, el día 12 de febrero de 2019)

Yo trato de imaginarme a un inglés esperando a un consenso dentro de la Unión Europea antes de fijar su postura ante una hipotética crisis en Canadá y es que me da la risa. El Reino Unido no solo no espera a nadie sino que es conocedor de que -más allá de ideologías y otras ‘boutades’ extemporáneas-, lo que un país tiene fundamentalmente son intereses y estos no están en escritos ni en pancartas de parvulario ni en los tuits delirantes de la eterna adolescencia progre, sino en los recursos que tenemos y en los que nos faltan. Y sucede que con independencia de tu postura ideológica acerca de la inmigración, los inmigrantes venezolanos crean riqueza aquí y los emigrantes españoles crean riqueza allí; que a pesar de tu pegatina en contra de la energía de origen fósil, no tenemos petróleo; que a pesar de tu feroz crítica acerca del apropiacionismo cultural de Rosalía, no es que Venezuela haya sido ‘de’ España: es que ha sido España, que allí se habla nuestro idioma y que nuestra visión del hombre y del mundo, -es decir, nuestro derecho-, es la base de su legislación y su cultura; pero sobre todo, sucede que con independencia de lo mal que te parece a ti la venta de armas, los malos están armados hasta los dientes y no van a dudar en disparar llegado el momento.

El Reino Unido sabe muy bien que sus intereses pasan por mantener un liderazgo en las relaciones con la Commonwealth y, por ello, no existe debate acerca de si quieren ganar influencia, poder y riqueza; esa pulsión hacia la derrota y el complejo es un rasgo exclusivamente español basado en la culpa de quien se ha creído la leyenda negra y de quien envidia a Castilla, valga la redundancia. Los intereses de España desde un punto de vista geoestratégico pasan, entre otros, por mantener una posición fuerte, predominante y protagonista en Hispanoamérica, y no seré yo quien pida a Sánchez que refuerce el lugar de España en el mundo, ya que esa ensoñación solo puede llevarnos a la frustración. Con quienes quieren dinamitar la nación y el estado no se negocia; se les derrota, y la única esperanza que podemos tener es que la realidad se lleve este mal recuerdo cuanto antes y que la historia nos haga olvidar poco a poco los meses de gobierno de este Narciso ridículo mientras vuelve un PSOE a la altura.

Sin embargo, sí que pido a los líderes de Castilla y León que lean el preámbulo del estatuto y asuman el lugar simbólico que la historia les ha legado, así como su papel de representantes de un pueblo protagonista en la configuración no solo de España, sino también de Venezuela, país hermano al que al menos debemos un discurso institucional como si fuéramos el gran pueblo que aún nos creen al ver nuestro escudo por sus calles, haga Sánchez lo haga.

Pero me he dado cuenta de que aquí nadie se cree ya heredero ni símbolo de nada. Luego nos quejaremos de no ser considerados una comunidad histórica, pero es lo menos que nos puede pasar cuando la grandeza deja paso a la mera burocracia y solo cuatro tarados hemos leído lo suficiente la historia de nuestros antepasados como para estar orgullosos de ellos y sentir la enorme responsabilidad de no hacer el ridículo callando delante de su recuerdo ni delante del recuerdo que seremos en el corazón de nuestros hijos. A este paso, quizá ni eso.

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