20887_diccionario-ultima-palabra

Haría bien la izquierda cabal entendiendo que su enemiga no es la derecha cabal, sino el populismo de boina calada y pin rojo. Para jugar a las siete y media hay que vivir sabiéndose plantar en la tibia mediocridad del cinco de copas. El que pida carta con un siete acabará, la mayor parte de las ocasiones, en el mismo lugar en el que acabará Podemos cuando el croupier levante la última carta.

Haría bien el feminismo comprendiendo que su enemigo natural no es el hombre, sino el ultrafeminismo desquiciado y trastornado, que las ridiculiza y convierte la razón que existe de fondo en pasto quemado de su medio hervor. Harían bien los amantes de los animales descubriendo que su depredador natural no es la dupla ‘escopeta y perro’, sino el animalismo radical, que denigra tanto al hombre como al animal a través de una equiparación ridícula que deslegitima todo lo que venga detrás del rollito Bambi. Haría bien la derecha racional aprendiendo que el verdadero rival no está en la izquierda sensata, sino en la derecha cafre, que vulgariza toda una cosmovisión por el esperpento triste de la política de odio y gónada.

Haría bien el movimiento ecologista descubriendo que el éxito de su causa no pasa por culpabilizar a la gente normal, sino al delirio adolescente de unas suecas histéricas, aterradas por su mera exposición al oxígeno. Haría bien el empresario decente entendiendo que el malo de la película no es el impuesto de sociedades, sino el empresario que abusa y defrauda, que es quien extiende el cliché de Mauricio Colmenero donde debería haber respeto y colaboración mutua.

Haría bien la Iglesia entendiendo que el peligro no viene del ateo, sino del camión de Hazte Oír y su odio zelote al mensaje de Jesús. Haría bien el currante del cine entendiendo que esto no va del IVA ni de la aritmética del recorte, sino de la mediocridad y el sectarismo de sus jefes, incapaces –por lo general– de atraer a nadie a su obra. Haría bien el independentista catalán entendiendo que su enemigo no es un pobre de Badajoz, sino un paleto de Gerona, que coloca sus menguadas intenciones a la altura de su menguada dignidad.

Haría bien el militante socialista entendiendo que su rival político no es la otra mitad de España, sino el populismo de este Perón trilero que, en su venganza, dirige al partido al abismo. Y haría bien el afiliado popular entendiendo que su mayor amenaza no son las ideas de izquierdas, sino la corrupción sistemática del ‘bajoaznarismo’.

Lo contrario de fascismo no es antifascismo, sino democracia. Lo contrario de la mentira no es la verdad, sino el silencio. Lo contrario del amor no es el odio, sino Mr. Wonderful y su coma diabético. Lo contrario de este gobierno no es la oposición, sino el sistema. La batalla final la librará Sánchez contra Iglesias. El resto es solo un pretexto para llegar vivos a ese momento. Conviene, por lo tanto, estudiar el diccionario de antónimos y elegir bien enemigo. En caso contrario es fácil acabar con él en la cama mientras pegamos tiros a los nuestros.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 4 de febrero de 2020. Click aquí)