Tenía una botella de champán reservada para el día en el que Iglesias saliera del Gobierno, pero he decidido dejarla hasta que abandone la política del todo o hasta que vuelva Morante, lo que antes suceda. Lo de abandonar la política es un modo de hablar. En realidad, no se puede abandonar algo que no has tocado ni de refilón. Iglesias no puede abandonar la política del mismo modo que yo no puedo abandonar a Carlota Casiraghi. Lo que él ha hecho durante este decenio trágico no es política sino su opuesto, la antipolítica, el frentismo guerracivilista, el olor a aceite usado de las tinajas, una especie de empresa familiar que monetizó la indignación ajena y la convirtió en ‘cash’.

 Bien pensado, deberíamos proponerle como candidato a emprendedor del año. Habría que verle la cara rechazando un premio que le acredita como el mayor de sus enemigos. 

Estamos ante los últimos coletazos y nunca mejor dicho. Espero que lo del champán pueda tener lugar la misma noche del 4 de mayo, sin más dilación, ni alertas antifascistas friquis ni escenitas de western cutre. Ha de abandonar ahí mismo, delante de las cámaras, en una noche de martes como otra cualquiera en la que comparta prime time con algún ‘reality’ de Telecinco, que es, en realidad, lo que ha sido su vida política, un ‘reality’ televisado que ya no siguen ni los suyos. Tuvo en sus manos hacer algo importante. Solo tenía que haber puesto una Constitución bajo el brazo de Carlos III en aquel 15M para hacer de ese movimiento algo transversal, una segunda transición generacional, desde el ‘pueblo’ hacia las instituciones. Pero prefirió rodearlas con hoces, martillos y esteladas. Al final, la revolución era esto, algo que empieza contra la casta y acaba con una limosna del PSOE que Sánchez bruñe como puente de plata.

La persecución neurótica de la izquierda contra Ayuso va a llevarla a hombros hasta la mayoría absoluta. Espero que seamos capaces de entender que Iglesias ha sido la consecuencia de la misma sobreactuación, pero por parte de la derecha. Estuvimos a punto de hacerle presidente, él es nuestra obra. Estamos todavía a tiempo de no ‘ayusizar’ a Sánchez. Voy guardando más champán.

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 12 de abril de 2021. Disponible haciendo clic aquí).