En la rueda de prensa del jueves en Lituania, Sánchez aseguró que, entre sus prioridades, no estaba abordar ahora el cambio de ministros en su gobierno. La duda era, por lo tanto, cuándo la llevaría a cabo. Del viernes ya no me acuerdo, preso de un sueño opiáceo post-Pfizer y el sábado me despierto con el anuncio de un cambio de gobierno. Es decir, el presidente no ha tardado ni cuarenta y ocho horas en desdecirse, en llamarse mentiroso a sí mismo y en reírse de todos nosotros. Es la desfachatez de un personaje que, por perder, ya ha perdido hasta el miedo. Me temo que, como los toreros, por ahí vendrá su final, una cornada de espejo con varias trayectorias. El cuerno cauteriza mientras desgarra, y las crisis de gobierno desgarran mientras cauterizan. Por eso, nunca se puede perder la cara al toro ni al partido. Y, a partir de ahí, construimos lo que sea. Pero solo desde ahí.

Y todo para un gran titular: cambian los de plata, novedad en los subalternos, revolución en la cuadrilla. Fuera Calvo y fuera Redondo. Fuera el lado oscuro de la fuerza que, con su poder simétrico y enfrentado y con sus tensiones armónicas, impulsaban al gobierno hacia el abismo. Y detrás de él, todos los demás, claro, que esa es la jodienda. Podría resultar una decisión salomónica si no fuera porque esto es exactamente lo contrario. En aquel juicio de Salomón, la verdadera madre del niño fue la que no se cargó a ninguno y, por el contrario, Sánchez se los carga a los dos. Es, por lo tanto, una decisión anti salomónica, el hijo devorando a los dos Saturnos -tres con Ábalos-, una bomba atómica en el eje de flotación, como un César pintado por Goya que come un racimo de uvas en la sauna mientras nos recuerda aquello de ‘ego sum lux mundi’. Un Rey Sol que, en pleno eclipse, nos bendice con la mano levantada, como un pantocrátor en una bacanal. Es el pedrocrátor.

Lo de Calvo huele a partido de homenaje, a corrida de la Beneficiencia. Quizá a patada hacia fuera y hacia arriba, como Morata, una patada hacia la presidencia del partido, sustituyendo a Cristina Narbona. Dice mucho del PSOE que, aunque sea solo de modo simbólico, admitan al frente a semejante dislate, a semejante ridículo como de taberna, pero sin taberna. La realidad es que cuando se opera en lo simbólico no se opera en lo real, pero con su pan se lo coman y con las cuotas de sus afiliados lo paguen. Siempre es una buena noticia que salga del gobierno de mi país gente tan oscura, tan mediocre y con tanto rencor como ella. De Redondo, ni hablamos. Nadie tuvo tanto poder desde Godoy y nadie lo usó de modo tan servil, tan inmoral y tan lacayo. Como el pacense, acaba desterrado, el otro en Roma, este me temo que cerquita de las Cuatro Torres. Puede que sea por celos de Sánchez, como un Dorian Grey que se mira al espejo y ve cómo se atribuyen al donostiarra los méritos que, según él, le corresponden. Puede ser. Yo creo que los análisis precipitados yerran. Redondo estará donde quiera estar. Así, esto no es un cese ni una derrota. Es solo equilibrismo sociata, la red del funambulista, un camino que huele a consultora para poder meterse de lleno en la primera línea de lo que verdaderamente importa: los fondos de recuperación. Nadie tan obsesionado con el dinero como un socialista.

Fuera también Ábalos, al que, a partir de hoy, se le presupone todo el poder en Ferraz de cara al siguiente ciclo de comicios en todos los frentes. Hay mucho que callar, mucho sobrecito, mucho guardaespaldas, mucho cadáver -simbólico- en el maletero -también simbólico-. Mucha Venezuela, mucha aduana y ese olor a Brummel que lo impregna todo, hasta los propios sueños. Personalmente no descarto que pueda ser un posible sustituto a Ximo Puig y su irracionalidad populista. Como tampoco descarto que Isabel Rodríguez, alcaldesa de Puertollano sea una declaración de guerra a Emiliano García Page. Roma no paga a traidores y Pedro no paga a quintacolumnistas. Page es un cadáver.

Pero algo queda claro: si, durante las últimas semanas, hemos visto a un sector de izquierda mediática muy interesado en blanquear a Sánchez y en colarnos un ‘giro al centro’, esta crisis demuestra que ni giro, ni centro. Ni sensatez, ni moderación. Si fuera así, habría marcado distancias con el nacionalismo, habría quitado poder a Podemos y -muerto y enterrados Ciudadanos- habría realizado algún gesto de cara al resto del hemiciclo, fundamentalmente al Partido Popular. Nada de eso. Yo abro el champán por lo de Redondo y, sobre todo, por lo de Calvo. Pero no puedo evitar pensar que el Pedrocrátor solo piensa en sí mismo, en su propia conquista de todos los espacios, el partido, el gobierno, las instituciones, los tribunales, la prensa, las consultoras, la CEOE, la Iglesia católica y los consejos de administración de las empresas. Pero, a partir de hoy, vemos que lo que realmente comienza es la campaña para un asalto final al poder total en 2023. El resto es solo humo. 

(Esta columna se publicó originalmente en ABC el 10 de julio de 2021. Disponible haciendo clic aquí).